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Pelota en juego
Bate, guante y pelota:
la identidad nacional
H
ace algunos días, después de haber queríamos llegar. Pretendemos poner el acento en
visto en un cine del este de Cara- el béisbol, porque después de haber visto y vivido
cas una película de alto vuelto en la la pelota durante muchos años, esta vez, en 2009,
cartelera actual (Quémese después de nos ha parecido que nunca como ahora la atención
leerse, de los hermanos Joel y Ethan Coen, los mis- nacional ha tenido sus focos puestos sobre el acon-
mos de No country for old man), quisimos prolongar tecer de los estadios del país. En la temporada pasa-
la velada compartiendo con gente conocida y con un da (2006-2007), la Liga Profesional se propuso como
trago por delante. Fue así como, sentados a la vera meta de asistencia a los juegos dos millones de afi-
de una mesa de un bar cercano, volvimos a reír con cionados, y el cálculo le falló por sólo 34 personas.
la gesticulación de gran actor de George Clooney, Esta vez, aunque no tenemos aún las cifras oficiales,
Cristóbal Guerra la caracterización hilarante de Brad Pitt, la magní- la cantidad parece haberse acercado a los dos millo-
fica actuación de Tilda Swinton y, sobre todo, con nes y medio. Además, la sintonía televisiva ha reven-
la presencia en el film de John Malkovich, un agen- tado las agujas de las mediciones y ha hecho a uno
te de la CIA al que le caen encima todas las desgra- de los canales cometer el pecado mortal de mover
cias juntas. los horarios de las intocables telenovelas.
Una algarabía de voces altisonantes y el brillo No es apenas una afición, ni una película de
azul de la pantalla televisora eran líneas transver- moda como la de los hermanos Coen. Estamos con-
sales en todas las conversaciones. Era inevitable, de vencidos de que el béisbol es parte importante de
cuando en cuando, voltear hacia el aparato de imá- la identidad nacional, de que a la gente le importa
genes que en aquel momento transmitía un juego más el resultado de un juego, los equipos clasifica-
de la final del béisbol venezolano. Con cada batazo, dos para el Round Robin y los resultados de la final,
con cada jugada defensiva importante y con cada que los zafarranchos de la política y los vaivenes de
carrera, locutor y comentarista se deshacían en elo- la economía.
gios desmesurados (¿qué hubiera pasado si aquella Andar por ahí, por calles, cafetines y esquinas, es
noche de sábado, por ahí hubiese estado Jorge Luis oír hablar de las carreras empujadas de Jesús Guz-
Borges con su libro El tamaño de mi esperanza, aquel mán, de las victorias del Caracas, de los juegos sal-
texto en el que dedica un capítulo al uso correcto vados de Francisco “el Kid” Rodríguez y de la elimi-
del adjetivo, bajo el brazo?): “¡Fantástico!”; “¡Mara- nación del Magallanes. Un día de estos, en un viaje
villoso!”; “¡Histórico!”; “¡Genial!”, era parte de aquel mañanero en el metro, presenciamos una escena
arsenal, de cierta manera insensato y cursi, pero inolvidable: cuatro hombres, sentados frente a noso-
que suele calar hondo en el sentir de las pasiones tros, hablaban de beisbol y se regodeaban con el
populares. recuerdo de cada jugada de la noche anterior. Tres
A primer golpe de vista, la estampa descrita de ellos se confesaban caraquistas y hacían bromas
podría parecer rutinaria, típica de una noche saba- al otro compañero, de afición magallanera. Lo con-
tina, cuando la ciudad se impregna de otros olo- movedor de la situación es que los cuatro hombres
res y toma renovados colores. Pero no es ahí donde ¡eran ciegos!
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Febrero 2009 www.saladeespera.com.ve
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