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letras y tiempos
Amarga lontananza o
los puentes humanos
Mis ojos ya no saben / sino contemplar días / y soles perdidos.
No amo / nada más, salvo la sombra / pasajera de una nube
y el lento recuerdo de los días / que han pasado para siempre.
Salvador Espriu
L
Por Lorena Briedis
a distancia es una de las mag- Y esa distancia que con su ensoña- hombres que, a diferencia de los puen-
nitudes físicas y sentimen- ción invita a la utopía y al disparate ha tes corrientes, no han sido obra del inge-
tales con más poder sobre el sido la que, paradójicamente, ha acer- nio sino del amor; el ingenio es sólo una
corazón humano. Tan relati- cado a los hombres. Porque hubo dis- forma de hacer el amor.
va e incalculable como la engañosa fini- tancia, construimos puentes. Hoy por Y, a su vez, la distancia dilata ese
tud del horizonte, es muchas veces ese hoy, existe en Zambia un puente colgan- amor, puente de leyes universales. En la
crepúsculo de imposibles que sobrevola- te de 300 metros de largo que cruza el distancia nos hacemos amantes transo-
mos sobre la fina línea de lo posible. La Zambesi. Fue construido por la iniciati- ceánicos; amamos con una nueva car-
distancia ha hecho a los grandes hom- va y el esfuerzo del padre Crispín Vale- diología. Si a Ulises le hubiese bastado
bres. Gagarin no hubiese desperdiciado ri, un misionero de Chinyingi, quien en con nadar sólo unos metros desde Troya
tantos años de entrenamiento si la Luna 1971 juró evitar nuevas muertes entre los hasta Ítaca, no hubiese añorado a Pené-
fuese una lámpara que se ajusta con tan lugareños que cruzaban el río en pira- lope y a Telémaco con el mismo arrebato.
sólo ponerse de puntillas y alargar bien gua. Sin embargo, aquel puente no sólo La distancia, además, nos permite volver
un brazo. Ese ardor por lo inalcanzable, hacía transitable el río de una orilla a la a lo amado —porque no se puede volver
por lo distante, fue precisamente lo que otra, sino que hizo extensible la vida de a lo que ya nos es cercano— y añorar el
lo hizo cosmonauta y no electricista, por un hombre a otro. Más allá de la ináni- reencuentro, esa corta ley de la delicia,
ejemplo. Es ese mismo ardor el que, en me ingeniería, el mayor legado de la dis- como a una patria. Así, el haber perma-
definitiva, traduce las utopías o los dis- tancia han sido los puentes humanos, es necido en algún lugar o junto a alguien
parates en historia verdadera. decir, el encuentro real y posible entre los significa, ciertamente, haberlo amado
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Febrero 2009 www.saladeespera.com.ve
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