y se enseñan a los nuevos miembros como una manera de pensar, vivir y actuar en el seno de la empresa. Esta CULTURA EMPRE- SARIAL tiene su principal sustento en cuatro columnas tales como la VISIÓN, la MISIÓN, los VALORES y las POLÍTICAS, pero en ocasiones parece que la construcción del este templo se realiza a la inversa, más llevados por la necesidad de adaptación y resultados en el corto plazo que desde una vocación de permanencia en el tiempo. Permanencia flexible y adaptativa, pero permanencia, en definitiva. Conozco pocas empresas que hayan llevado a cabo un ejercicio responsable de revisión de su CULTURA ante el diferente entorno en el que debe operar. Viene a ser como si todo lo que les rodeara cambiara, pero ellas
como organizaciones perma- necieran. Como si lo que en su día se cinceló en el fron- tispicio no pueda ser ya nun- ca revisado y actualizado. La mayoría de las organiza- ciones han cambiado muchos de los procedimientos y algunas de ellas incluso lle- vado a cabo una gran trans- formación en sus modelos de negocio, tipos de relaciones, número y perfiles de los colaboradores, etc. Estas transformaciones están im- pactando en algunas o todas de las columnas del templo de la CULTURA EMPRE- SARIAL, que -en los mejo- res casos- aún se mantienen, sin someterlas a un proceso de revisión y renovación. A veces parece como si este ejercicio de definición y compromiso solo fuera importante llevarlo a cabo cuando se lanza una Compa- ñía o se produce una fusión o
adquisición, como elemen- to de reforzar la CULTU- RA dominante. Para mí, el momento más crítico para llevar a cabo ese proceso, es precisamente cuando se producen transformaciones tales que impactan en todas las personas que confor- man una Organización. No hacerlo en estas ocasiones, ayuda a que la CULTURA de la Organización se vaya transformando en una “es- quizofrenia organizacional” ya ampliamente tratada en anteriores artículos en esta revista TALENTO. En definitiva, se trata de compañías en las que no hay congruencia entre lo que se piensa, lo que se dice y lo que se hace. Entre lo que se espera de las personas y lo que se les pide realizar. Entre lo que aparece en los informes y actas de reunio- nes y lo que se habla por los pasillos y en las máquinas de café. Entre lo que inter- namente se vive y la imagen que se pretende trasladar al mercado.
Quizás una buena forma de dotar a la CULTURA EMPRESARIAL de una permanencia en el tiempo, es precisamente haciendo evolucionar sus elementos y alinearlos a los aconteci-
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