cia subjetiva de prestar atención consciente a algo, concentrarse y elegir ante un abanico de opciones. Seguramente lo hayas utilizado, además de en el cálculo matemático, en las líneas de arriba para concluir que son para- lelas. Cada vez que tratas de observar cómo haces algo con el fin de ser más consciente, gestionar tus acciones o pensar a cerca de las consecuencias de una determinada decisión (por poner algunos ejemplos) lo estarás uti- lizando.
Sin embargo, muchas de las decisiones y acciones que emprendemos en nuestro día a día operan al nivel del sistema 1. Incluso, a veces, en aquellas trascendentales como comprarse una casa nueva, decidir cambiar de trabajo, invertir en un determinado pro- ducto, o dejar a nuestra pareja. Como seres humanos hacemos uso de estos 2 “sistemas” de forma integrada, pero no siempre de for- ma muy efectiva. Ya que muchas decisiones en las que “deberíamos” utilizar el sistema 2, terminamos utilizando por un principio de
economía mental, el sistema 1.
Uno de los errores frecuentes de nuestro sis- tema 1 (muy presente en los procesos de pla- nificación) son los errores narrativos a tra- vés de los cuáles a partir de experiencias del pasado, creamos nuestras opiniones sobre el mundo y de lo que esperamos que ocurra en el futuro. Buscamos historias simples y con- vincentes que tienen el carácter de explicati- vas.
Cuando se inició la crisis en el 2008 muchas personas afirmaban que ya se “sabía” que iba a ocurrir. Sin embargo esto no es del todo cierto. La palabra “saber” no está muy bien utilizada en este caso. Intuir que se avecina- ba una crisis no es lo mismo que saber, que requiere una comprobación y demostración de ello. Ahora decimos que “ya lo sabíamos” porque la crisis es ya un hecho. El lenguaje no es inocente, y el hecho de que utilicemos palabras como saber, presupone en muchas ocasiones que el mundo es más predecible de lo que realmente es. Para pensar con cla- ridad a cerca de lo que nos deparará el fu- turo es útil desarrollar un pensamiento en el que la duda y la confusión sean aliados y no “enemigos” que hay que matar. ¿Cómo afecta nuestro Sistema 1 al uso de la duda?
Nuestras empresas suelen estar ávidas de confirmación, de saber, pero suelen huir de la duda y la incertidumbre. En este sentido, gestionar nuestra incertidumbre, la duda y el no saber es una de las habi- lidades que más utilidad nos puede propor- cionar para afrontar de forma efectiva el futuro. Gestionar no implica eliminar de raíz la confusión o peor, ignorarla, sino ha-
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