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Un horizonte de intenciones por José María Ruilópez Para los que crecimos viendo las montañas del sur de Asturias, el horizonte es una línea quebrada que se entre-


mezcla con valles y picachos en la lejanía de la Cantábrica. Cuando un día conocimos el mar nos dimos cuenta que el horizonte también podía ser una recta lejana e inalcanzable. La primera vez que vi el Elogio del Horizonte, obra de Chillida, quise aunar estas dos ideas de límite visual con un referente terrestre, pero me fue muy difícil. El Elogio se entrecruza en recovecos de complicada administración visual. Acostumbrado a las equidistancias y las corres- pondencias, en esta escultura se amalgaman los medios arcos con los soportes verticales en un abrazo imposible, interrumpido por un pudor pétreo, marino, frustrante e irresuelto. Aunque el Elogio elogia desde tierra no lo hace hacia el mar. Es como si huyera de la distancia fría y recta de la


lejanía para ir al encuentro de la Cimadevilla que lo espera allá abajo. Hay un intento de cierre en esos espolones de altura que se limitan y se quedan así, indecisos y pendientes de soluciones posteriores. Hay que moverse a su alrededor para facilitar el beso de los extremos horizontales. Buscar el punto apropiado en el que todo parece diferente aunque sabemos que no lo es. Atisbo soledad en esta escultura que quiere mirar al mar pero parece que le da la espalda. Aunque aplicar


términos anatómicos a un monumento hormigonado no deja de ser una osadía. Su enclave altivo y desafiante no da pábulo a la concordia, ni parece esperar conversación ni palabras exclamativas. Es más una abstracción de los sentidos que una realidad palpable. Más un cúmulo de artificios sabiamente entrelazados que un propósito tangencial. La gracia de su configuración es la composición caprichosa y diligente de los bloques que lo conforman. Cada


tramo de hormigón engarzado con el siguiente da ese aire de uniformidad que se aprecia desde la distancia. El arte parece que siempre requiere lejanía en el tiempo y el espacio. Un horizonte sin Elogio sería monótono y mar- chito. Tal vez de línea quebrada en vez de horizontal.


Gijón, Octubre de 2013 Luz y Tinta - 45


Foto: Ricardo “Completu”


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