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y en su voluntad, dejar las cuentas saldadas. Sebastián, orgulloso de su exhaustivo informe y acertadas deducciones, se agarró ufano como recompensa al animal más próximo. Visto esto, el pastor sintió como tal pérdida le tocaba el corazón y el in- genio, y le hizo la siguiente propues- ta:


—Oiga, caballero, si yo acierto


cual es su profesión, ¿me devolvería usted la oveja? Sebastián asintió con asombro


por el reto. Le intrigaba el vocablo con que alguien de campo definiría su ocupación. Usted es consultor — dijo con firmeza el pastor clavando la respuesta en el centro de la diana. Y el consultor lo miro con ojos sorpren- didos e interrogantes. Quería saber cómo lo había adivinado. Ladislao, hombre de gran moderación, avivó el tono y se lo explicó: —Muy fácil. Usted ha venido aquí


Parecía que fuera a cazar un tornado en vez de contar ovejas. Sobre el capó del coche colocó un sistema de


comunicación directa con los satélites...


sin que yo se lo haya pedido; ha tar- dado muchas horas en decirme lo que yo ya sé; y además no tiene ni idea de mi negocio, porque, ¡manda güevos!, que de todo el rebaño ha agarrado usted al perro.


Gloria Soriano


Luz y Tinta - 21


Foto: Julia


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