This page contains a Flash digital edition of a book.
Se adentraban en pueblos de arquite minimalistas huertos creados al capr manaban bajo las piedras. Los ríos c despoblados municipios de la comar arroyos y lagunas, se mostraba por d


con su padre, regresaba de cada viaje empapado de verdes: verde oliva, ver- de musgo, verde pino, liquen verde, verde hierba, clorofila pura, la hoja del acebo, el cactus verde, fluidos verdes… Verde aceite. Cántara va, cántara viene, la fa-


despistada, le anticipaban la hoja de ruta del día siguiente. En esas visitas, su padre, por razones de trabajo, nun- ca estaba en casa. A los once años se inició en los negocios paternos y también empezó a faltar él. La primera vez que Tomás bajó del


monte al valle, se encontró con un pueblo envuelto en celofán de niebla. En los tejados entrecruzados humea- ban las chimeneas bajo un pálido sol. Un serpenteante riachuelo sobrevola- do por diminutos puentes de madera, arrastraba por sus calles la energía necesaria para moler la aceituna. Con su padre recorrió caminos entre jaras y brezos con aromas a romero y a tomillo. Transitaban por parajes abundantes en flores, colmenas, oli-


20


vos, pinares, alcornoques, acebos… Se adentraban en pueblos de arqui- tectura negra con olor a leña y mini- malistas huertos creados al capricho de la erosión. Como las terrazas de las faldas estériles de los pedrego- sos montes necesitaban tierra fértil, el hombre la importó. Como el agua no faltaba, los cultivos crecieron. Las fuentes manaban bajo las piedras. Los ríos con sus meandros delimita- ban los despoblados municipios de la comarca. La tierra pobre, pero rica en arroyos y lagunas, se mostraba por doquier salpicada de cascadas. A veces, en el silencio de la nada, se escuchaba el gorgoteo del agua en el subsuelo. Tomás, que disfrutaba intensamente recorriendo los campos


milia fue haciendo sus ahorrillos, que uniéndolos al pago en especie de un rico de la comarca con débi- tos por el suministro y sin liquidez, valieron las llaves de una de las ca- sas del deudor, situada en la plaza mayor del principal pueblo del con- torno. Así fue como Tomás se esta- bleció por su cuenta en un local de su propiedad y empezó una nueva vida. El negocio errante del aceite lo transformó en otro fijo de la carne. Se movía de feria en feria buscando las mejores reses para su carnicería. Cerraba los tratos estrechando las manos y humedeciendo las palabras con vino. Aunque le faltó escuela, le sobraba verbo. Nunca se equivocó en las cuentas, ni en las compras, ni en las ventas. Formó su propio hogar y tuvo sus propios hijos: dos niñas y un niño. A los diez años internó a las ni-


Page 1  |  Page 2  |  Page 3  |  Page 4  |  Page 5  |  Page 6  |  Page 7  |  Page 8  |  Page 9  |  Page 10  |  Page 11  |  Page 12  |  Page 13  |  Page 14  |  Page 15  |  Page 16  |  Page 17  |  Page 18  |  Page 19  |  Page 20  |  Page 21  |  Page 22  |  Page 23  |  Page 24  |  Page 25  |  Page 26  |  Page 27  |  Page 28  |  Page 29  |  Page 30  |  Page 31  |  Page 32  |  Page 33  |  Page 34  |  Page 35  |  Page 36  |  Page 37  |  Page 38  |  Page 39  |  Page 40  |  Page 41  |  Page 42  |  Page 43  |  Page 44  |  Page 45  |  Page 46  |  Page 47  |  Page 48  |  Page 49  |  Page 50  |  Page 51  |  Page 52