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A partir de aquí, dragones


nuestros hijos persistes en una única manera de entender su educación…


Monteferro, una colina bien poblada de vege- tación que al caer la noche, la negrura fantas- magórica de su perfil, contrasta con las luces de la densa población que nace a su lado. En los días claros se distinguen perfectamente las Islas Cíes y sus playas, consideradas de entre las mejores de Europa por su enclave salvaje, sus limpias arenas blancas y un agua que ape- tece beber. Juanma llevaba un rato disfrutando de las vis- tas al tiempo que paladeaba una cerveza Es- trella de Galicia, cuando se acordó del descu- brimiento que había hecho por la mañana al tiempo que le daba un vuelco el corazón. Su intuición le decía que el asunto podría con- tener información peligrosa y que lo mejor era olvidarse del tema. Sin embargo la curiosidad pudo más que él y abrió su Mac con la inten- ción de indagar un poco. Ya conectado, una de las carpetas contenía nombres de pila, departamentos y cantidades que aparentemente eran bonos extraordinarios de la empresa. En algunos casos la cifra a la derecha del nombre era “0” y aparecía un signo “+” en la siguiente celdilla.


-Me gustaría poder disfrutar más de Paula… Ya… Acepto lo que me dices, aunque déjame que yo te dé mi visión…Laura, por favor, es- cúchame. Siento que cada vez que hablamos de


Dos mesas más allá de donde Juanma había abierto su laptop, Jaime mantenía una conver- sación con su ex, y, aunque su tono de voz era tranquilo y respetuoso, se podía escuchar lo que decía. Jaime había llegado el día anterior para un rea- lizar un trabajo con el comité de dirección de una compañía biotecnológica con quien lleva- ba trabajando ya seis meses. Era un privilegio, pensaba él, trabajar haciendo lo que le gustaba y además disfrutando de un paraje tan envidia- ble como aquél.


Mientras, Juanma seguía investigando las tri- pas de zaratustra. “Vaya nombrecito”, se dijo. Las cifras parecían dinero pero no estaba se- guro. También podrían ser códigos. “Tiene que haber más información”. Era un archivo Excel y probablemente contenía columnas escondi- das. Empezó a trastear el archivo siendo muy conocedor de la herramienta, y, efectivamente, había más información, aunque pedía un pas- sword. Probó a dar “enter” por ver si la clave era “vacío” pero no se abrió. Clave incorrecta. Probó con telefónica pero tampoco pasó nada. Después de varios intentos se le ocurrió probar “zaratustra” y… “voilá” era ésta. Desplegó to- das las columnas y hojas del libro Excel y sus ojos se abrieron como platos al comprobar la cantidad de información que contenía.


En las columnas originariamente ocultas de la primera hoja aparecieron apellidos y cargos. Eran directivos de la compañía y efectivamen- te las cantidades eran euros. 50.000, 135.000, hasta había un nombre con un millón doscien- tos mil euros a su derecha.


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