Productividad personal No te dejes engañar por el tiempo
Seguro que lo has escuchado o leído en al- guna ocasión. Sí, Leonardo da Vinci, Albert
Einstein, Thomas Edison, Nelson Mandela o la madre Teresa de Calcuta son algunos de los personajes que se citan por haber alcan- zado grandes y célebres logros para señalar, inmediatamente a continuación, que todos ellos - igual que tu – disponen de un mismo recurso: 1.440 minutos cada día.
De esta forma suelen comenzar los cursos basados en la gestión eficaz del tiempo. Sa- ber que dispones del mismo recurso que esas celebridades parece alentador y por un mo- mento puedes sentirte capaz de alcanzar lo- gros similares.
A tu rescate puede aparecer el descubrimien- to de que tu valía no se mide por lo cerca que tus logros estén de los de ellos sino, más bien, por tu determinación para ser hoy un poco mejor que ayer. La carrera no es contra los demás (amigos, familiares o compañe- ros), es sólo contra ti. De esta forma puedes ganar todos los días. Y lo más importante es que sólo dependes de ti.
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Nuestra ancestral obsesión por el tiempo se cimenta en nuestra cer- teza de que nuestra vida es finita y, sobre todo, en nuestra incertidum- bre de que no sabemos cuál será su duración. Por eso no es de extrañar que las personas que por alguna cir- cunstancia ya conocen cuál será su caducidad, o las que viven alguna experien- cia que les muestra con crudeza su fragilidad, invariablemente reaccionan modificando sig- nificativamente sus valores y creencias, lo que se traduce en nuevas actitudes, intereses y comportamientos.
En el ámbito laboral el recurso tiempo sirvió para crear el término productividad: número de chismes producidos por unidad de tiem- po. Si la empresa A producía veinte chismes por persona y día y la B sólo diez, significa- ba que A era el doble de productiva que B. La referencia al tiempo y a las personas tenía sentido en aquella economía de producción industrial tan dependiente de ellos.
Tantísimos años de influencia han supues- to un enorme influjo en nuestra educación y, así, seguimos creyendo que el tiempo es la principal variable o recurso de lo que po- demos llegar a conseguir. La influencia que ejerce este concepto en nuestras vidas finitas es enorme, como lo atestigua nuestro lengua- je.
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