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LA MUERTE DEL CINE
parece renacer gracias a las vertiginosas precisamente, en el asunto de la muerte
transformaciones tecnológicas que supo- del cine. Rocha cuenta que en el 69, cuan-
nen la entrada en el nuevo paradigma de do Godard filmaba Viento del Este, el di-
“lo digital”. Para algunos, la conectividad rector francés lo invitó a rodar una escena
y la interactividad de los “nuevos” medios de la película. No se trataba solamente de
implica la obsolescencia de la imagen y la un asunto técnico o de amistad, sino de
práctica cinematográfica. Para otros, en toda una concepción del cine. “Me pide
cambio, el cine encuentra hoy su mayor que lo ayude a destruir el cine”, cuenta
especificidad al diferenciarse de la técni- Rocha, “y ahí yo le digo que estoy en otra
ca y el lenguaje de la televisión, el video cosa”. El problema de Rocha no era, como
por Internet, el videoclip, etc. Es imposi- el de Godard, llevar al cine a sus propios
ble dar una respuesta definitiva a este in- límites, sino construir el cine en el tercer
terrogante. mundo.Godard presagiaba la muerte del
Si n e m b a r g o , s é q u e u s t e d , cine en Europa y Rocha luchaba por su na-
l e c t or, a p e s a r d e e s t a s uc i nt a e x- cimiento en Latinoamérica.
plicación no me perdonará si, al final, no “La verdad —dice Rocha—, quie-
tomo partido por una de las dos posturas ran o no quieran muchos de los ilustres in-
en disputa. Es urgente asumir una posi- telectuales patricios, es que el cine europeo
ción, mucho más si tenemos en cuenta y americano entraron por un callejón sin sa-
que, tal vez, eso sea lo más bello del cine: lida y sólo es posible hacer cine en los países
una vez habitamos en él se puede estar de del tercer mundo”.
acuerdo o no, incluso con la muerte, con No debe sorprendernos, entonces,
su muerte. Para dar una respuesta provi- que Greenaway afirme, con la (buena) irres-
soria quiero remitirme a uno de los más ponsabilidad que caracteriza a un gran ar-
importantes realizadores latinoameri- tista, que el cine ha muerto, sentado en una
canos, Glauber Rocha, fallecido en 1981 sala de conferencias de un país en el que
—esta remisión a lo latino podría ser un hasta hace pocos años podemos vislumbrar
acto de rebeldía frente a la afirmación de su nacimiento. Quizás las palabras de Gree-
Greenaway, también en Bogotá, según la naway son una excelente noticia para noso-
cual el mejor cine viene de Europa. Rocha tros —y él mismo lo sabe—: si el cine, para
tuvo contacto durante los años sesenta un inglés, ha muerto, para nosotros está en
con los más reconocidos cineastas eu- pleno crecimiento. Es aquí, ahora, donde
ropeos del momento: Antonioni, Fellini, todo está por hacerse. Sólo así se encontra-
Lang, Godard. Con éste último mantuvo rán verdaderos nuevos caminos que man-
una fuerte discusión teórica centrada, tengan con vida al cine contemporáneo.
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