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El grave problema es que llamamos pereza a una gran mayoría de hábitos que son procrastinadores.


Es, por tanto, un problema de identificación y de defini- ción. Hay muchísima menos pereza y muchísima más


El hábito de la procrastina- ción es, típicamente, un pro- ceso activo en el que diriges la energía, equivocadamen- te, hacia actividades sustitu- tivas menos relevantes. Por el contrario, la pereza en un hábito apático o pasivo,


rimentas un pensamiento, sentimiento o realizas una acción procrastinadora, tu cerebro responde adaptán- dose a ellos. Tu cerebro se modifica generando nuevas conexiones, que mediante su repetición crean circuitos


procrastinación.


Una forma sencilla de iden- tificarlas es mediante la existencia, o ausencia, de una actividad sustitutiva. Si me tumbo en el sofá y no hago nada es pereza. Si me meto en el facebook u orde- no los cajones es procrasti- nación.


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nada energético.


El hábito procrastinador y tu cerebro


¿Recuerdas cómo funcionan los hábitos?


Los hábitos procrastinado- res parece que se inician en nuestros primeros años de vida. Cada vez que expe-


poderosos y “eficientes”.


Como todos los hábitos, tu procrastinación “mejora” con la práctica.


Cada vez que te enfrentas a una situación que puede evocar incomodidad, ame- naza o miedo, se dispara el proceso (hábito) procrasti-


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