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Muller siempre se interesaba solo por el paisaje donde aparezca el hombre. “Para mi el paisaje sirve siempre sola- mente de fondo” dice en 1993.


Conviene recordar que, termi-


nada la guerra, Nicolás Muller no regresa a Hungría. A la pregunta de ¿Querías volver? Siempre respondía “No, tenía miedo, quería librarme del recuerdo de 1938. En aquel entonces tomaron la


misma decisión muchos de los judíos húngaros, entre ellos su hermano Pablo, quien había abandonado Hun- gría antes del término de la guerra y murió en París en 1973. En diciembre de 1947, con oca-


sión de su segunda exposición en Madrid, la capital española ya lo salu- da como a un fotógrafo famoso. Pre- sentó 54 fotografías en la sala de ex- posiciones de la librería de la Revista de Occidente, situada en Serrano 29, ofreciendo, al mismo tiempo, cierto tipo de resumen o balance de su obra hecha hasta la fecha. Aunque ya en enero de 1948,


poco después de la inauguración de la exposición, aparece en Fotos una critica favorables de Enrique Azcoa- ga, pero en realidad fue Fernando Vela, inaugurador de la exposición, el que se dio cuenta de que había co- menzado un cambio de período en la historia de la fotografía española. Describe las fotos de Muller como


“fotografía pura”, que sobrepasa el carácter de simple documento, la fijación gráfica o la imitación de la pintura. En las fotos de Muller se desarrolla una concepción de una profundidad cada vez diferentes de la realidad, donde –advierte Vela- el mundo en si es suficiente para la vis-


ta, sin la necesidad de alterarla o de- formarla. Vela opone a ese concepto el de la “fotografía artística”, que en primer lugar fija el paisaje o, creando una engañadora atmósfera poética, empobrece y altera. Al hablar de Mu- ller subraya que para él no basta el paisaje, se interesa más por la gente. Su cámara está buscando a personas incluso en los paisajes: “Muller nos enseña hasta que profundidad de las cosas y del hombre puede entrar la lente en sus fotos” Posteriormente Nicolás Muller


se instala definitivamente en Ma- drid abriendo su estudio, retratando a los personajes más destacados de la vida cultural española: Ortega y Gasset, Azorín, Pio Baroja, Vicente Aleixandre, Menéndez Pidal, Pérez de Ayala, Aranguren y Marañón, son entre otros muchos, algunas de las personalidades más destacadas que posaron ante sus objetivos. Nicolás Muller fallece en Andrín


el pueblecito de Llanes en Asturias día 2 de Enero del año 2000, tenía 86 años. Su fotografía era su forma per- sonal de expresar plásticamente lo que pensaba. A pesar de su gran for- mación humanista (Derecho y Cien- cias Políticas) decidió vivir haciendo fotos que es lo que más le gusta ha- cer y vivir de hacerlas. Conviene fijar- nos en una frase –aparentemente sin importancia- de la carta escrita por Muller a López de Mondéjar : “Creo tener ciertos méritos en haber hecho entender a la gente que el fotógrafo


tiene que vivir de su trabajo: debe de ser pagado”. Esa frase tiene grandes dimen-


siones. No sólo se trata de que, ter- minada la guerra, la fotografía se convirtiera de pasatiempo en profe- sión y de que era necesario forzar a la prensa a que reconociera la fotogra- fía como arte, en que era obligatorio poner el nombre del autor y por qué Muller tuvo conflictos de este carác- ter. Esta frase nació de las experien- cias de sus años pasados entre com- bates cuando Muller tenía que cuidar a sus cuatro hijos. ¡No fue y no pudo ser fácil¡ Examinando su archivo, se nos desarrollan veinte años inquie- tos, rápidos, que exigieron enormes esfuerzos. Parece que el precio de un arte que se mantenía aparte de la ofi- cialidad franquista o de la sociedad, que optaba por las “regiones celes- tiales” del pensamiento, fue un fuer- te aislamiento personal y un trabajo duro. Su obra ha quedado en buenas


manos, está custodiada por su hija, la también fotógrafo Ana Muller, y su maleta al igual que la de su compa- triota Robert Capa, está compuesta de más de 14.000 negativos. El año pasado se conmemoró el


centenario del nacimiento de este gran artista, un poco olvidado, co- nocer su obra es fundamental para entender la historia de la fotografía española.


José Luis Cuendia, “Guendy”


Luz y Tinta - 15


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