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La foto del mes en portada


be a otras finalidades, entre las cuales quizás la más socorrida sea la de mu- seo, es decir, una suerte de panteón de recuerdos de una forma de enfren- tar el mundo que afortunadamente ya no tiene sentido. Esta fotografía del alcázar que nos


ofrece Juanjo y hemos incorporado a la portada de nuestra revista, nos trae a bote pronto las reflexiones an- teriores, en primer lugar por el propio edificio, con su sobria arquitectura marcando la transición del románi- co al gótico, tan reconocible en la imagen de Segovia, la ciudad que lo acoge; pero además, por las propias características de la fotografía, que le dan vuelo y arraigo fotográfico tras un laborioso trabajo de edición de su autor.


Destaca, en primer lugar, el virado


elegido, destacando ocres, tostados y terrosos, como si su autor quisie- ra recoger una sensación de óxido: el óxido de la historia que lo envuelve y el óxido, sobre todo, de algo real- mente pasado o quizás arrastrado por el peso de los siglos. La perspectiva cromática de esta fotografía, con esa nubes envolventes y casi asfixiantes, es uno de los logros que la han hecho acreedora a figurar en nuestra tapa. El segundo de los motivos que la


El alcázar de Segovia, de Juanjo


Hay un ruido de siglos que se estremece al ver esta foto del alcázar de


Segovia. Uno imagina intrigas palaciegas y cruentas batallas con sus muros por testigo y se imagina correrías amatorias por sus pasillos, insidias entre dos luces y todo aquello que nos cuenta la historia y que el cine ha sabido traernos de este tipo de arquitectura que hoy es solo recuerdo y presencia arrogante en nuestras ciudades y pueblos. Un castillo, un alcázar como en este caso, ya no tiene aquella función residencial y defensiva de antaño, sino que se circunscri-


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hacen singular es su encuadre. Esta- mos acostumbrados a ver fotos de ta fortaleza desde su entrada principal y este punto de vista, sin embargo, consigue destacar la posición estra- tégica de esta construcción, edificada sobre una roca labrada por dos ríos, a la vez baluarte defensivo y atalaya desde la que vigilar los contornos. Un total acierto este encuadre que sabe destacar su posición, como decimos, aislando la fortaleza de la ciudad y si- tuándola en el entorno agreste que la envuelve y desde la que no suele mi- rarse este edificio incardinado en una ciudad que lo tiene como referencia.


FRANCISCO TRINIDAD


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