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effries dolor existencial


es un fotógrafo atípico que te deja pasmado por esos principios contrarios que ocasiona la enferme- dad del sistema. Este inglés de Manchester, United Kingdom, ha sabido cruzar la normalidad cotidiana de la gran mayoría de personas, a la marginalidad más absoluta de algunas de ellas, logrando una sin- fonía dramática de altos quilates y, al mismo tiem- po, saber regresar al punto de partida de donde vino para contarnos su historia en forma de imágenes sobrecogedoras. Este es el mundo real que late bajo la dermis de los lujos y la normalidad urbana. Por tanto, podría decir, sin exagerar, que Lee Jeffries ha descubierto la perfección fotográfica absoluta del retrato duro (hardcore portrait), logrando un impac- to visual estremecedor que te da la vuelta al revés y te resitua en el lado oscuro de la vida, esa zona que todos tememos y evitamos mediante la indife- rencia o la huida hacia el otro lado. Es por ello que los trabajos gráficos de Lee Jeffries son un durísimo atentado para el alma del espectador normalizado acostumbrado a las palomitas de Hollywood, ya que supone un abandono de las comodidades cotidianas para penetrar en el terrible trasfondo de la ciénaga social, donde los más escabrosos lodos humanos di- señan una topografía dérmica que reseca el alma de cualquier visitante intrépido. No cabe duda de que solo un artista que ha sabido comunicar con ambos lados y yuxtaponer las sensibilidades, real y artística, es capaz de crear ese vaivén e ida y vuelta como la dinámica de un boomerang hacia su punto de partida; Jeffries es, sin lugar a dudas, un alma especial que bate sus propios límites. Durante mucho tiempo, Lee dedicó


parte de su vida a fotografiar exclu- sivamente eventos deportivos hasta que un día, tuvo un casual encuentro con una joven sin hogar que cambió para siempre su enfoque artístico. Fue como un golpe de luz creativa que le llevó a una realidad que pa- recía no existir y en donde encontró muchas respuestas al sentido de la vida Desde aquel preciso instante, las personas sin techo se convirtieron en su propio objeto de arte, a los que


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