LUZ Y TINTA
Para muchas de estas heroínas, lamentablemente, la única manera de sobrevivir es fu- garse como refugiadas en los países vecinos como Tailandia, Bangladesh o China
Los transportes en el interior de Birmania
a ser cautivas de estas organizaciones criminales, sin pagas, y expuestas a uno de los riesgos más altos de infec- ción por HIV. A pesar de todos estos infortu-
nios, las mujeres birmanas no pierden la esperanza de alcanzar un día la de- mocracia en su país, y de la misma manera que su líder, la Premio Nobel de la Paz, Aung San Suu Kyi, quien dijera un día que “la educación y el fortalecimiento del poder de las mu- jeres a través del mundo no puede fa- llar en dar por resultado una vida más solidaria, tolerantes, justa y pacifica para todos”. Después de viajar por Birmania es
muy difícil olvidar aquellas imágenes, y sobre todo cuando observo el ins- tante que han fijado mis fotografías,
una terrible situación, asombrosa para los tiempos que nos toca vivir. Vaya desde aquí mi más profun-
da admiración y solidaridad hacia las mujeres birmanas, que son un ejem- plo de lucha y de gran espíritu en defensa de sus ideales de justicia e igualdad, poniendo en peligro lo úni- co que les queda, la vida, frente a un sistema criminal y opresivo, mientras nuestro llamado primer mundo, el “ci- vilizado”, durante todos estos años ha mirado para otro lado, y como en tantas ocasiones se ha lavado las ma- nos como Pilatos. Claro…, en Birmania no hay gran-
des reservas de petróleo que pueda ambicionar el mundo capitalista de- sarrollado, su mayor actividad eco- nómica es el aceite, arroz, nueces de tierra, ámbar, teca y jade.
De Birmania volamos a Singapur
para poder regresar hacia Europa. Los carteles publicitarios del aeropuerto de Barajas en Madrid nos hicieron volver a nuestra realidad cotidiana, hermosas mujeres anunciando nuevas fragancias y sugerentes ropas inte- riores. Es otra realidad, pero como siempre, la sociedad dominante actúa mediante el mito para modelar a la mujer que desea, aquella de la que tiene necesidad. Siempre me preguntaré cómo se
contará la historia de las mujeres bir- manas dentro de 200 años... Una vez más olvidaba que la historia la hacen unos y la escriben otros.
JOSÉ LUIS CUENDIA, “GUENDY” 13
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