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Cuatro razones


para no dejarse nunca la cámara en casa


Salgo de casa con mi señora y nos dirigimos al hospital


para que le realicen un electrocardiograma. Molestias en el pecho. Mejor prevenir. Antes de salir, cojo la cámara y la cuelgo de mi hombro. Me propongo hacer alguna fotografía mientras uno espera el turno y no lo llaman por megafonía. Antes de entrar en el hospital pienso que quizás pueda hacer una serie de fotografías donde haya un elemento en común. En este caso me decido por la bicicleta. De esta manera transformo la tediosa espera y el trayecto de vuelta a casa como un buen ejercicio para fijar la mirada en detalles que me llamen la atención pero que tengan la bicicleta como elemento del encuadre propuesto. Este es el “making of” de lo denominado cuatro razones


para no dejarse la cámara en casa. Razón primera Me acerco hasta donde esperan las ambulancias a que


se produzca alguna llamada que requiera su presencia. En el estacionamiento todo esta calmado. Prueba de ello, es un perro callejero sin inmutarse durmiendo entre dos vehícu- los del Samu. Me siento en un peldaño y miro a través del visor para ver si el encuadre que visualmente imaginé, me satisface a través de la cámara. Mientras ajusto la velocidad y la abertura, entran en escena dos bicicletas que pasan en medio de los vehículos de urgencias. Sin pensármelo mucho, disparo. Los colores, un tanto fuertes, hacen de la misma imagen un equilibrio visual lleno de detalles. Me gusta.


Razón segunda Salgo a la calle y veo una vieja bicicleta que me llama


la atención. Hay otros detalles. Miro de nuevo y la bicicleta había desaparecido. Me propongo encontrar a la persona, por si ésta y la bicicleta forman un buen binomio visual. Lo veo mientras se aleja muy despacio del hospital bicicleta en mano. Atajo por en medio del aparcamiento de urgencias y me lo encuentro al otro lado de la calle. Me llevo la cámara a la cara y dejo que mi ojo decida por mí, a través del visor. Encuadro y disparo mientras Don Salvador… sonríe. Cruzo la calle y hablo unos minutos con él. Tiene setenta años.


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