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ré permiso para formularla. No quiero que te sientas obligado a trabajar asuntos que puedan violentarte. En esos casos solamen- te piensa en cuál es la razón por la que te violentan. El contenido de nuestras sesiones es absolutamente confidencial. Yo no rebela- ré ningún detalle a nadie. No voy a elaborar ningún informe verbal ni escrito a nadie. Tu compañía solo sabrá lo que tú quieras con- tarles.


Es curioso el efecto que causan estas últimas palabras. Noto, o yo me lo imagino, como se relajan, aunque algunos no se lo creen del todo en esta primera sesión.


- Llevo hablando mucho rato y esta no será la situación más habitual. ¿Qué piensas? - Me suena bien lo que dices. Creo que es el enfoque adecuado.


- ¿Adecuado? Parafraseó Jaime. - Sí. Quiero decir que supongo que es la ma- nera en la que esto puede funcionar. No me sentiría muy cómodo si pensara que lo que te digo puede acabar en oídos de gente de mi entorno en la empresa. - Me alegro que pienses así. Jaime sonrió al decirlo y se dispuso a acabar con el resto de elementos a cubrir en una primera sesión y que suponían los acuerdos necesarios para crear un contexto de confianza y respeto en- tre ambos.


- Para poder hacer Coaching hacen fal- ta cuatro cosas. Lo primero es un cliente o Coachee, es decir tú. Un coach, en este caso es mi papel. Una brecha de aprendizaje o algo que se quiera mejorar, tus objetivos y finalmente la libertad de querer hacerlo. -¿Atiendes este programa con entera liber- tad?


Carlos se sonríe al tiempo que responde - Me lo han propuesto y yo he venido - ¿Y si no hubieras querido venir?


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- Supongo que es algo que no puedo rehusar - ¿Entonces como de libre te sientes para aceptar este proceso? - Creo que estoy más bien obligado aunque creo que puedo aprender algo. En ese momento Jaime se puso de pie y le dijo:


- Ponte de pie por favor. Carlos saltó como un resorte y se puso inme- diatamente en pie.


-¿Por qué te has puesto de pie? - Porque tú me lo has dicho. Respondió Car- los con cara de extrañeza por la pregunta. -¿Porque yo te lo he dicho? -Sí y además porque me lo has pedido por favor. -Muy bien, entonces voy a pedirte otra cosa......... por favor. Va a ser en relación a esta pared de mi des- pacho -le dijo señalando la pared del fon- do de su oficina-. Cuando yo te diga ya!!! quiero que te dirijas hacia esa pared y em- pieces a dar cabezazos contra ella hasta que te aparezca la primera gota de sangre. Cuan- do aparezca la primera gota de sangre paras para no mancharme todo esto. ¿Entendido? Carlos no sabía si tomarse a broma aquello o es que Jaime había perdido la cabeza - Ya!!! ...... por favor.


Carlos se sonríe y hace un amago en broma como dirigiéndose hacia el sitio que Jaime le había indicado. En vista de que finalmente se queda parado, le preguntó - ¿Y esto por qué no lo haces? - Porque eso va a doler. No soy un Super- hombre. Jaime volvió a extrañarse de oír de nuevo la expresión de “Superhombre”, aunque para no perder el hilo argumental decidió no ex- plorar el término de momento y continuó. - No entiendo. Antes decías que hacías lo


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