qué le han propuesto atender un programa Coaching. Además, a estas alturas, no cree que le puedan enseñar nada que no sepa. - Encantado también por mi parte Jaime. - Te quiero ofrecer algo para tomar. ¿Agua, té, café?
- Un poco de agua estará bien. - Pues acompáñame y así ya te sabes el cami- no para otra vez. La oficina es una de tantas viviendas de la zona de Castellana reconvertida en despacho profesional. Es un bajo de seiscientos metros cuadrados repartidos en dos grandes salo- nes, uno de ellos con una chimenea que no ha sido utilizada nunca, y que es el que se utiliza como sala de espera. El otro se utiliza para actividades en grupo, como Coaching grupal, de equipo, formación de diversa ín- dole y también como sala de reuniones. El resto del espacio eran originalmente dormito- rios que ahora hacen las veces de despachos. Además la oficina tiene una bonita zona de recepción, una cocina que es utilizada de offi- ce y tres cuartos de baño. Antes de que Jai- me se atreviera a meterse, con tres colegas coaches más, en un gasto fijo tan importante como era este alquiler, mantenía sus sesiones de Coaching en un centro de negocios que hay en la zona de Cuzco. Era muy imperso- nal y quería dar una imagen más empresarial. Aunque se nota que la oficina está reformada tiene más de 100 años (en la entrada hay una placa que avisa de que allí vivió uno de esos artistas que poca gente conoce y que para en- terarte de quien es tienes que ir a buscar la inestimable ayuda de la wikipedia). Conserva las ventanas de madera y alguno de los des- pachos aún tiene papel pintado en las paredes - Sírvete tú mismo por favor El dispensador de agua, marca “Elagua” (siempre que lo leo pienso que no se calen- taron mucho la cabeza para elegir la marca), 22
es uno de tantos que encontramos en las ofi- cinas. Verdaderamente es un agua muy rica que se recibe muy bien especialmente en es- tos días tan calurosos.
- ¿Cómo te ha resultado encontrar la oficina? - Sin problemas. Es una zona por la que paso muy a menudo. Otra historia ha sido aparcar. Menos mal que enfrente está el parking del edificio de La Caixa. - Desde luego suele ser la salvación. De otra forma la gente pasa bastante tiempo por los alrededores hasta que tienen la suerte de que ven a alguien salir dejando un hueco libre para aparcar.
- Pues si te parece nos metemos en mi despa- cho y empezamos a trabajar. Dijo Jaime ha- ciendo un ademan en dirección a uno de los pasillos.
- Será un placer, lo estoy deseando. Respon- dió Carlos con convencimiento. Carlos quiere dar una imagen amable y di- charachera. Además con ese comportamiento pretende esconder su nerviosismo. “Estos si- cólogos son capaces de leerte el pensamien- to”.
Sigue a Jaime hasta el despacho. Éste le cede el paso al tiempo que cierra la puerta y le dice que se ponga cómodo. El despacho tiene una “mesa director” que se nota que nadie utiliza porque está llena de li- bros, catálogos y alguna obra de arte compra- da a buen precio. En la estancia hay también un aparador lleno de algunos recuerdos y de tarjetas de Navidad que a estas alturas del año aún no han sido tiradas. Al lado, una mesa redonda con dos cómodos sillones que parece va a ser el lugar donde trabajen. Cuando Jaime le dice el primer día de progra- ma a un Coachee “ponte cómodo”, conscien- temente señala el sillón de la mesa redonda más cercano a la puerta. Él prefiere el otro sitio, está acostumbrado a él, pero no le gusta
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