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EDITORIAL


La expectativa y el error es un binomio inseparable. Decía Nietzsche que la esperanza es el peor de los males.


No entendí bien su significado en una primera lectura así que aparté el libro de mis ojos y me quedé reflexionando unos segundos hasta que encontré una de las posibles interpretaciones. Es un mal porque condiciona los resultados esperados. Desde el momento que estoy esperando que pase algo determinado, lo que quiero, lo que me gustaría dentro del campo de los posibles, si finalmente ocurre otra cosa y ésta no me gusta más que la esperada, aparece la insatisfacción, la frustración, y a veces, hasta el sentimiento de culpa. Me he equivocado, he metido la pata, ¿cómo no me he dado cuenta?. He cometido un error. El error sólo aparece cuando tengo una nueva información y ésta la comparo con la infor- mación que esperaba. Sin embargo cuando tomamos acción sobre algo, es lo mejor que cree- mos que podemos hacer, para nuestro beneficio, con los datos y parámetros que tenemos en ese momento.


En el sector de los servicios, la satisfacción o insatisfacción de un cliente es el resultado de comparar lo que espero con lo que interpreto que obtengo. Esto explica por qué aquellos viajes que realizamos sin preparar, casi de un día para otro, son los que pensamos que mejor salen. “Que bien nos lo pasamos. Y eso que no lo habíamos preparado”, escuchamos con cierta fre- cuencia. En estos casos el resultado no lo comparamos con nada. Nos dejamos fluir, vamos improvisando y damos por bueno lo que nos está pasando. Pero, ¿se puede vivir sin expectativas? La respuesta es NO.


Podemos tener muchas o pocas, gestionarlas, minimizarlas o fingir que no las tenemos. Pero no se puede vivir sin ellas.


Estamos a las puertas de unas nuevas Navidades que darán paso a un desafiante 2012, que ade- más contará con un nuevo gobierno en nuestro país. La época navideña es, además de días de reencuentros y excesos gastronómicos, el momento de hacernos propósitos para el nuevo año. ¿Dónde quiero trabajar? ¿Qué quiero hacer? ¿Con quién quiero estar? Expectativas al fin y al cabo. Te invito a que cada uno de estos propósitos los pases antes por el filtro de la congruencia. No te hablo de coherencia, que etimológicamente es aquello que viene con la herencia, lo que se supone que me tengo que proponer por ser quien soy: padre, hijo, amigo, líder, trabajador, pro- fesional, deportista, o lo que otros esperan de mí . . . Te hablo de congruencia, de aquello que es acorde a lo que pienso y a lo que siento. Que está alineado con mis valores o con “quién” quiero ser en la vida.


Minimiza las posibilidades de error creando expectativas congruentes. Si tan solo son coheren- tes, corres el riesgo de cumplirlas y seguir estando insatisfecho.


Piensa si lo que te propones te acerca a la visión personal y profesional que tienes de la vida. Te deseo mucho éxito y disfrute con las secciones de Talento que decidas leer en este número y que este 2012 te traiga lo suficiente para ser feliz.


Jorge Salinas Presidente del Grupo Atesora 3


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