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habíamos llegado al preacuerdo con Alonso. -Lo sé Marga pero ha sido una sorpresa total- mente inesperada. El resto de la reunión transcurrió a “cara de pe- rro” y Nadia no sabía cuando iba a acabar. Menos mal que esa tarde tenía sesión de Coaching con Jai- me. Le vendría bien. Cada vez que llegaba con el ánimo caído él sabía cómo levantárselo. A las cinco y media pidió un taxi y se fue para Castellana. Como casi siempre llegaría un pelín tarde. Ana la recepcionista compartida de la oficina la recibió con la misma amabilidad de siempre y le ofreció algo para beber antes de pasarla al despacho de Jaime que mientras la esperaba aprovechaba para qui- tarse algún que otro correo. -Hola Nadia. ¿Cómo estás? Al tiempo que agradecía a Ana que la hubiera acompañado hasta allí. Se acercó a ella y la abrazó largamente como siempre lo hacía desde aquella tercera sesión en la que se desataron todas las emociones juntas y Jaime, con mucha profesionalidad, supo cómo acompañarla para que saliera de allí con varias alternativas en la cabeza, y llena de entusiasmo por haber visto “otra realidad” con respecto a su falta de confianza en sí mis- ma y cómo ésto afectaba a su autoestima. Al finalizar aquella sesión los dos besos de des- pedida se convirtieron en un cariñoso abrazo. Luego pudo comprobar que es algo que en ese mundo algunos coaches practican con cierta naturalidad, de hecho ella ha visto un compor- tamiento parecido con otros coachees y clien- tes en alguna ocasión en la que ella esperaba para empezar su sesión porque Jaime se ha- bía alargado con la sesión previa. A Nadia Jaime le parecía un hombre atractivo y aunque estaba fuera de duda su honorabili- dad durante las sesiones en alguna ocasión le había pillado mirándola el escote ......... Hom- bres.....


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-Ponte cómoda


- Bueno, ¿Cómo vienes hoy? Era una pregunta bastante frecuente que le servía para chequear emociones a través de la expresión corporal. Nadia sabía que no podía escapar a la pregunta con un simple “bien”, necesitaba hablar de emociones concretas y ser explícita con respecto al esta- do de ánimo que traía.


- He tenido días mejores - ¿Qué ha pasado? - No es solo lo que haya pa- sado hoy es la vida que llevo. -¿Qué vida llevas? - Monótona, insustancial. Mi familia me percibe como una persona de éxito. Trabajo en


una empresa con glamur, me relaciono con el mundo del famoseo, tengo una situación eco- nómica desahogada, estoy saludable y mi chi- co cae bien a todo el mundo, sin embargo a mí me falta algo, no sé. -Llevamos unas cuantas sesiones y hasta aquí no habías compartido esta sensación conmi- go. ¿Qué te lleva a hacerlo hoy? -Hoy he tenido un mal día y parece que todo se viene encima. Por otro lado cada vez que tenemos sesión me llevo unas ganas de vivir y de ser auténtica increíbles, es por eso que quería compartir contigo todo lo que me pasa sin reservas. -¿Desde cuándo tienes esta sensación gene- ral?


-Pienso que la tengo desde hace un par de años, cuando aparentemente mi vida ha sido más “estable”, sin embargo la consciencia más clara es desde que comenzamos el programa de Coaching. -¿Y de qué forma este proceso ha traído a tu consciencia esta situación? -Antes era un tema que estaba ahí pero en el que yo no quería pensar. De alguna forma me negaba a admitir que no estaba contenta con


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