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como una montaña, que em- piezan a escalar con esfuer- zo y sufrimiento el domingo por la tarde para llegar a su cima al finalizar el miérco- les.


La emocionalidad cambia de sentido en ese preciso momento que marca el cru- ce del ecuador semanal.


El jueves ya es un día pro- metedor porque anuncia la llegada del viernes libera- dor.


A los norteamericanos, muy prácticos ellos, les encantan los acrónimos porque así pueden expresar una frase


en una sola palabra. Conti- nuamente los inventan para cada situación. En 1967 se hizo muy popular T.G.I.F. (Thanks God Is Friday), que se traduce como “Gracias a Dios Es Viernes” o “Por Fin Es Viernes”.


El viernes se ha convertido para las personas como Ju- lián en un día emocional- mente agradable y estimu- lante, porque en unas pocas horas se verán liberados del sufrimiento y del “castigo” que representa su trabajo. Esta sensación gratificante se ve reforzada en muchas empresas por la costumbre creciente de permitir ese día


una indumentaria más infor- mal, que les ayuda a verse ya de “finde”.


Los resultados


Afortunadamente cada vez son más los jefes y directi- vos que entienden que los resultados que las personas consiguen están (también) determinados o influidos por su estado emocional.


Cuando un individuo se “siente” mal emocional- mente disminuye la canti- dad y/o calidad de su des- empeño, es decir, menguan los resultados que consigue. La cuenta de resultados de


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