tres factores: por una parte, la novedad –muchos dirán que moda- de esta discipli- na; por otra, lo similar que puede parecer pero lo ale- jada que está de otras áreas mucho más populares, como la formación o la consul- toría; y en tercer lugar, el esnobismo de tantos pro- gramas de televisión que se empeñan en llamar “coach” a cantantes, actores y, en de- finitiva, a cualquiera que pa- trocine o asesore a cualquier personaje de la farándula en el reality de turno.
La verdad es que no es fácil explicar qué es el coaching, y personalmente llevo tiem- po buscando una definición que sea a la vez sencilla y completa. Confieso que aún no lo he conseguido, y
sigo tirando de manual para explicarlo delante de cada cliente y de cada escéptico, y ambos me suelen mirar con la misma cara de incre- dulidad.
Vayamos por partes. La primera vez que escuché la palabra “coach” fue en un entorno completamente diferente de mi vida, que difícilmente podría haberme hecho suponer las implica- ciones que tendría para mí, tanto profesional como per- sonalmente, mucho tiempo después de aquello.
Fue hace más de veinticinco años, cuando mi universo giraba alrededor del kara- te. Dedicaba las tardes de cuatro días laborables a la semana y la mayor parte
de mi tiempo libre a los tatamis, las duras sesiones de entrenamiento físico, la disciplina férrea de las artes marciales y a prepararme mentalmente para el variado repertorio de golpes que iba a repartir o me iba a llevar cada día.
Una mañana de sábado, an- tes de comenzar la competi- ción que correspondiera ese fin de semana, escuché por los altavoces de la Organi- zación una frase parecida a ésta: “...por favor, los coach acérquense a la mesa de arbitraje...” Recuerdo que el término me pareció ridí- culo, y que le dije a uno de los compañeros del gimna- sio cómo me fastidia que se usen palabros en otros idio- mas, con lo fácil que resulta decir “entrenador”…
Para entender la confusión y lo alejado que me encon- traba conceptualmente de lo que años más tarde se convertiría en mi profe- sión, pondré un ejemplo. La situación que voy a plantear, que es perfectamente ma- nejable desde el coaching, muestra a la perfección los errores habituales que la gente suele cometer al defi- nir dicha disciplina.
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