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Desarrollo/coaching


De la importancia de “Hacer Nada”


Existe una vieja


Miguel Labrador Coach Ejecutivo


máxima en el ámbito militar que reza algo así como “siempre es me- jor tomar una decisión que no adoptar ningu- na”, paradójicamente no tomar una decisión,


supone realmente ya estar asumiendo algún tipo de postura. Esto es algo que solemos pa- sar por alto. Siempre estamos envueltos en algún tipo particular de hacer, incluso cuan- do no estamos haciendo “nada”. Hace algún tiempo, estuve trabajando en un proceso de coaching con un directivo que se definía así mismo como un “hombre de acción y resul- tados”, alguien que necesitaba siempre es- tar ocupado y que “no sabía estar sin hacer nada”. Esto, que aparentemente puede sonar como la descripción de alguien competente y deseable para muchas de nuestras orga- nizaciones, por su proactividad y


aparente


orientación a la acción, era algo que le estaba causando serios problemas no sólo en su vida personal sino también, y más controvertido si cabe, en su vida profesional, viviendo en un permanente estado de stress y ansiedad.


Según me relataba, le “era imposible desco- nectar su cabeza del trabajo, ni siquiera para dormir”. Ahora bien, esa aversión hacia “no hacer nada”, era una de las principales difi- cultades que le impedían poder recargar sus


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niveles de energía, algo muy relevante en nuestra productividad. Nuestros niveles de energía y la atención que dispensamos a las cosas son dos recursos que condicionan nues- tra capacidad de ser productivos en cualquier ámbito de nuestra vida. Cuando esta energía no se repone, nuestra atención y capacidad de concentración disminuye afectando no- tablemente nuestro desempeño, al tiempo que condiciona el que necesitemos mucho más esfuerzo para una tarea o actividad que en principio no tendría que demandar tanto. Sentido común, si, pero a pesar de ello, co- múnmente no lo tenemos muy en cuenta.


Así que la cuestión de aprender a “hacer nada”, se torna parti- cularmente


relevante


si queremos mantener unos niveles óptimos de desempeño. Mucha gen- te se apunta a medita- ción para aprender a ha- cerlo, otros lo aprenden de forma más natural. “No hacer nada” es un particular tipo de activi- dad orientada al aquie- tarse y relajarse (aunque en nuestro pensamiento clásico no lo definimos como actividad), es un “no hacer” muy rele-


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