¿Para qué estoy en nómina? Productividad personal
Pregúntate cada día:
La queja principal de los Jefes de Ventas – y de muchos otros jefes - es “no tengo tiempo” y cuando los observas de cerca podrías llegar a convencerte de que tienen razón: no paran de atender llamadas, mensajes y correos-e, y también a esas caras que se asoman en su puerta con un “¿tienes un minuto…?”.
Si el observador de su día-a-día fuera un mar- ciano, recién llegado de su lejano planeta, le escucharíamos decir con su voz metálica:
Está muy claro. Es el “solucionador”. Le pa- gan para resolver los problemas de sus ven- dedores. Es el que toma las decisiones. Es el que dice lo que tienen que hacer…
En efecto Jefe de Ventas se ha hecho indis- pensable en su organización. El negocio ape- nas puede progresar en su ausencia porque él debe tomar muchas pequeñas decisiones. Este rol, que él mismo ha inventado - o here- dado de su predecesor – es la causa de que se haya convertido en un cuello de botella y en un castrador del desarrollo del talento comer- cial de sus vendedores.
Cuello de botella Las consultas se amontonan y alinean en una cola, como sucede en las taquillas para com- prar entradas de un Real Madrid – Barcelona.
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A Jefe de Ventas “le falta tiempo” para des- pacharlas y, también, se lo hace perder a sus vendedores, que tienen que estar persiguién- dole a través de todos los canales de comu- nicación anteriores… y cuando lo consiguen, siguen perdiéndolo mientras le informan de la situación o problema y, a menudo, conti- núan perdiéndolo cuando deben esperar por su respuesta o solución.
La pérdida de tiempo afecta, sin duda, al cliente, que espera la respuesta o solución a su demanda.
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