Productividad personal
¡Qué difícil es trabajar en mi empresa!
Jaime Bacás Socio Director
Coach Ejecutivo y Facilitador de aprendizaje
especializado en Productividad Personal y
Coaching de Ventas
latos
parecidos a éste: “en mi empresa no hay forma de escapar a las in- terrupciones… el teléfo- no fijo y el móvil no pa- ran de sonar y aunque no conteste todas las llama- das tengo que comprobar
C
quienes llaman para decidir cuáles atiendo. Estoy pendiente del “ding” que me avisa de la llegada de nuevo correo-e porque se es- pera que conteste inmediatamente y aunque todos los mensajes no son ni importantes ni urgentes, necesito verlos para decidirlo, ade- más si no contesto a determinadas personas de inmediato recibiré su llamada o visita para preguntarme por qué no he contestado aún. La situación se ha complicado aún más des- de que la empresa ha implantado un sistema de mensajería instantánea
o chat. Y luego
están las visitas inesperadas del tipo ¿tienes un minuto?. El tema de las reuniones tam- bién es de pecado, montones de reuniones en las que no pinto nada y que sólo servirían para perder el tiempo si no fuera porque las aprovecho paraquitarme de encima algunos correos-e…”.
¿Te resuena algo este relato? ¿Tu día a día se parece a esta carrera de obstáculos en la que tratas de hacer tu trabajo?
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on frecuencia cre- ciente escucho re-
Aproximadamente un tercio de los procesos de coaching que realizo tienen que ver di- recta o indirectamente con situaciones pare- cidas a ésta. Se trata de jefes y, también, al- gunos directivos que llevan años tolerando, soportando y sobreviviendo a esa forma tan improductiva e insana de trabajar.
En bastantes casos la situación se complica cuando añaden que esa es la cultura acepta- da y bendecida por la dirección. Eso expli- ca que “cuando necesito hacer alguna tarea medianamente compleja o larga necesito esconderme. Sí, literalmente me escondo en alguna sala vacía. Otras alternativas son venir muy temprano o quedarme hasta muy tarde. También llevarme trabajo a casa los fines de semana…”.
La mayoría de estos individuos reconocen que han desarrollado conductas adictivas con su móvil y ordenador. Los más jóvenes - los que han crecido con ellos – lo sufren un poco menos porque lo consideran natural, aunque reconocen el perjuicio que represen- ta para su productividad y equilibrio laboral y personal.
Agobio, descontrol, ansiedad, desborda- miento y estrés son las palabras que cuali- fican el relato. Como también desesperanza y falta de confianza en encontrar soluciones viables. Comparten un sino fatalista: “el mundo es así; no es posible el cambio”.
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