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-Un beso comandante. Nos vemos lue- go.


Sonia llamaba cariñosamente Coman- dante a su padre desde que hace dos años se había sacado la licencia de pi- loto privado de aviones. -¿Qué quería?. Pregunta Sandro toda- vía con las manos empapadas de su propio fluido seminal - Ha habido una movida con uno de sus clientes y viene de regreso. Cuando ha sonado el móvil yo ya estaba como una moto pero se me ha cortado el rollo ra- dical. Venga vamos que tengo que de- jar todo esto arreglado.


De repente suena el video portero -Vale, vale ya lo dejamos. Joder como para querer seguir estando enrollaos. ¿Quién será ahora? Su hermano mayor hace tiempo que ya no iba por casa. No se llevaba bien con su padre, y su hermana Paula de 12 años estaba en casa de su madre. Sandra se pone rápidamente unas bra- gas y una camiseta y mientras se dirige al salón para atender la llamada. Vuel- ve a sonar de nuevo el video portero. -¿Si?


Aunque la pantalla es en color, la ima- gen no es muy nítida, pero se puede ver que quien llama es un tipo mayor to- talmente calvo. -¿El Sr. Solva?


- No está. ¿De parte de quién? - Soy un amigo. ¿Cuándo vuelve? -Esta noche. Está de viaje. ¿Quiere que le diga algo?


26


- Quedé en dejarle un paquete. - Puede dejármelo a mí si quiere. Soy su hija


- Está bien.


- Suba al 4º piso le estaré esperando - Sonia se enfunda los pantalones cor- tos que llevaba puestos antes de me- terse en la cama con Sandro, se dirige a la puerta y queda a la espera de que llegue el ascensor. Cuando la puerta se abre aparece el calvo. Un tipo enjuto y con mirada al suelo. Cuando le entrega el paquete, Sonia se da cuenta que no tiene ninguna dirección, nombre o eti- queta. También se fija en que el calvo tiene una margarita tatuada en la con- junción de los dedos índice y pulgar de la mano derecha -¿Le tengo que firmar algo? Pregunta Sonia. Mirando descaradamente las marcas de sus pezones en la camiseta de tirantes, el tipo niega con la cabeza y responde: - No. Era para entregar en mano. Hasta luego.


Rápidamente se da la vuelta y coge el ascensor que todavía estaba en su piso -Adiós –dijo Sonia quedándose casi con la palabra en la boca.


Joder que tipo tan raro –pensó-. Sonia creía conocer a casi todos los amigos de su padre pero desde luego a este no le había visto nunca.


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