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Discriminación por etnia y género
Políticas inequitativas que no sólo sufren las poblaciones indígenas de Guatemala, sino que se reproducen, también, en las zonas rurales de El Salvador, Honduras y Nicaragua. Todas estas poblaciones, cada una con sus especificida- des, eso sí, comparten indicadores de pobreza y falta de acceso a la salud. Son grupos excluidos que tienen menos disponibilidad de recursos en materia de infraestructuras, equipos e insumos médicos, volumen y especialidad del recurso humano, así como escasa posibilidad de recibir tratamiento para sus necesidades de salud.
Las comunidades rurales viven en entornos insalubres, con falta de saneamiento ambiental y mala calidad del agua, lo que no hace sino empeorar su ya precario esta- do de salud. Padecen de desnutrición y de enfermedades infecciosas, diarreicas y respiratorias, que paradójicamen- te, son fácilmente prevenibles. Pero los enfoques están orientados a la curación en lugar de a la prevención y las enfermedades se detectan en estadios crónicos, cuando muchas veces ya nada se puede hacer por salvar vidas. Otras veces, exigen un tratamiento que requiere de una gran inversión en medicamentos. Algo que estas familias no pueden permitirse. La población indígena suple esta carencia de insumos con la medicina tradicional, que tie- ne a su vez, un valor cultural, porque preserva el acervo de sus ancestros, pero ésta no siempre es efectiva. “Acuden a la medicina natural, porque no existe medicina química suficiente. Y aunque lo hubiera en farmacias y clínicas, no tendrían recursos económicos suficientes para comprarla. La gente se sostiene con la siembra del frijol y el maíz”, sentencia Sánchez.
La ruralidad de estos países de Centroamérica comparte, además, otra triste realidad: todas las comunidades han sufrido fuertemente los conflictos internos de sus países y han sido víctimas de sucesivos desastres naturales. As- pectos que han recrudecido su recurrente condición de pobreza y que han limitado, y limitan, su desarrollo.
En ellas existe, además, una importante discriminación por razones de etnia y de género. Existen poblaciones en las que no se habla el castellano y se guarda una fidelidad absoluta a los idiomas locales, algo que les imposibilita comunicarse con el personal de salud y les ha apartado progresivamente del apoyo institucional de gobiernos locales y nacionales.
El 40% de la población centroamericana vive en el ámbito rural, allí donde los gobiernos no miran. Víctimas del mal reparto de la riqueza que impera en la región, sufren importantes
brechas salariales, no cuentan con establecimientos de salud, les falta personal médico y no tienen insumos ni medicamentos. Recibir una atención sanitaria digna es un privilegio que casi nadie se puede permitir.
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