a fondo
da a levantarse orgullosa y con voluntad ante este tipo de catástrofes, pero que no aguanta más. Los fondos para la reconstrucción de Haití fluyen con lentitud, a pesar de lo cual, la Organización de las Naciones Unidas (ONU) sigue avanzando en la ayuda y ya ha alimentado a más de tres millones y medio de personas y ofrece agua potable a otro millón y medio diariamente.
La duda ahora es saber hasta cuándo se mantendrá la ayu- da internacional. Porque Haití ya no es portada en los me- dios informativos y otros desastres naturales acaparan y requieren de la atención de las instancias internacionales. Y sin embargo preocupan la salud de la población y los riesgos a los que se enfrentan mujeres, niños y niñas que malviven en campamentos y que, además, están en riesgo de sufrir agresiones sexuales.
Los datos son elocuentes. Sólo se puede permitir que mejoren:
• En Haití, antes del terremoto, había 4 médicos por cada 100.000 habitantes.
• 8 de cada 10 habitantes vive con menos de un dólar al día, y su renta per cápita es 25 veces inferior a la nuestra.
• El 10% más rico absorbe el 47% del ingreso nacional, mientras que el 20% más pobre, sólo absorbe un1,1%.
• Apenas un 8,5% de la población vive conectada a un sistema de distribución de agua.
• Por cada 1.000 nacidos vivos, mueren 63.
• Anualmente fallecen 20.000 menores de 5 años por causas que son evitables, como por ejemplo, una diarrea. Se estima, además, que el 60% sufre desnutrición.
• El 40% de las personas que viven en zonas rurales, carece de acceso a servicios básicos de atención en salud.
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