el reto de la reconstrucción
Haití, Fotografías: Tigú Gimarães N
unca un desastre natural había impactado tan- to. Ni siquiera el tsunami que devoró parte del sudeste asiático en 2004. La ola de solidaridad
internacional superó todas las expectativas. Desbordó de tal manera lo esperado que no se supo gestionar de manera óptima. Haití no estaba preparado logísticamen- te antes del terremoto para recibir ayuda por mar y aire en tal magnitud. Después del terremoto, todavía menos. Muchos de los vuelos cargados con ayuda internacional y que pretendían aterrizar en el aeropuerto de Puerto Prín- cipe, tuvieron que regresar a sus lugares de origen. Los que pudieron tomar tierra vieron cómo las mercancías, bienes de primera necesidad para la población, se amon- tonaban en las pistas del aeródromo. Por eso, el dinero y la ayuda internacional son indispensables pero no su- ficientes. La descoordinación inicial de esa ayuda ha sido la punta del iceberg de una situación dramática. Pero, ¿Cómo pedir coordinación a un país cuyas instituciones quebraban antes del temblor?
La recuperación de Haití será complicada pero más lo va a ser su reconstrucción. Unos cimientos sólidos sobre los que debe asentarse la nueva casa haitiana deben ser el ini- cio del todo. O lo será de nuevo de la nada. En cuanto una nueva catástrofe natural, y Haití las suma por decenas, pase
por sus costas. El Estado debe ser fuerte y las instituciones públicas deben darle capacidad para funcionar. Porque si hablamos de la reconstrucción de Haití, ésta debe surgir asegurando la cobertura básica de las necesidades de su población. Hay que garantizar la salud, el acceso a un sa- neamiento básico, a una vivienda y a una educación para todos y todas. Y no sólo en Puerto Príncipe, no sólo en la capital. También en las zonas rurales, en los puntos más alejados y que ya antes del seísmo carecían de servicios.
Décadas de maltrato, de corrupción y de desgobierno han hecho que este país que comparte isla, La Española, con la vecina República Dominicana, ocupe el desgraciado ho- nor de ser el más pobre de todo el hemisferio occidental. Una pobreza que se traduce en falta de salud. Una falta de salud que impide su propio desarrollo, que frena su pros- peridad y que genera más y más pobreza.
La cumbre de Nueva York del pasado mes de marzo su- puso una buena oportunidad para que la comunidad internacional manifestara públicamente su intención de condonar la deuda externa de Haití. Un yugo que pesa demasiado para un país y que, en definitiva, convertirá la ayuda internacional en agua de borrajas si no es “elimi- nado”. De momento, la ayuda sigue llegando con cuenta gotas. Demasiado lenta para una población acostumbra-
24 •
Page 1 |
Page 2 |
Page 3 |
Page 4 |
Page 5 |
Page 6 |
Page 7 |
Page 8 |
Page 9 |
Page 10 |
Page 11 |
Page 12 |
Page 13 |
Page 14 |
Page 15 |
Page 16 |
Page 17 |
Page 18 |
Page 19 |
Page 20 |
Page 21 |
Page 22 |
Page 23 |
Page 24 |
Page 25 |
Page 26 |
Page 27 |
Page 28 |
Page 29 |
Page 30 |
Page 31 |
Page 32