ACCESO A LA SALUD Compromiso comunitario
No perciben un sueldo por ello. Y aunque lo necesitan, porque provienen de esas mismas aldeas rurales que están en situación de pobreza y exclusión social, su compromiso va más allá: buscan transformar una realidad que es socialmente injusta. Se empoderan, adquieren nuevos conocimientos y los comparten con sus comunidades para que éstas se invo- lucren en su autodesarrollo. Sin los promotores y las promotoras, este programa no sería viable. He aquí las historias de vida de cuatro de ellas, las que trabajan en las comunidades que están descritas en páginas anteriores.
Yenny Fermán de Paz (Hacienda Corinto, El Salvador)
Tiene 21 años y recientemente ha terminado el bachillerato. Algo que aparentemente no tiene mucho mérito, cobra una especial importancia en su casa, situada en la Hacienda Corinto. Es una casa reducida, con lo básico para sobrevivir. Dar el salto a la universidad y seguir estudiando es un lujo que no puede permitirse. Pero trabajar como promotora de salud y lograr que su comunidad se empodere es algo que ella ya está consiguiendo: “Quiero que mi gente mejore sus condiciones de vida, y para ello, la salud es la clave”.
Mercedes González (Caserío El Pacayal, Honduras)
Mercedes González nació en 1959 en El Pacayal. Un lugar remoto y pobre en Honduras. Durante una década fue voluntaria del pro- grama del Ministerio de Salud Pública de su país y, en ese periodo, manejó un botiquín con medicamentos básicos y realizó labores de primeros auxilios entre la población. En la actualidad es una re- ferencia sanitaria en su comunidad. Responde tanto a las pequeñas atenciones sanitarias como a las urgencias, a la hora que sea: “Ser promotora de salud y ayudar a una comunidad pobre como la mía es un orgullo, sobre todo cuando ves que por una simple diarrea los niños y las niñas sufren más de la cuenta”.
SALUD EN MANOS PRIVADAS
Las fallas en los sistemas de salud de Centroamérica son históricas y di- versas. Desde el punto de vista financiero, la inversión que realizan los gobiernos está lejos de satisfacer las demandas de la población. Ante estas limitantes, es la propia población la que más invierte en salud: en países como Guatemala, por ejemplo, el gasto de bolsillo de las familias se estima en un 57%, lo que equivale a un 4% del PIB.
Felipe Rivas Vicepresidente de la Fundación
de Innovaciones Educativas Centroamericanas (FIECA)
Dada la saturación de los servicios públicos y el poco acceso a la seguri- dad social, las mejores opciones para la atención en salud se encuentran, además, en el sector privado. Sin embargo, a este servicio sólo pueden acceder los grupos minoritarios con mayores ingresos. Y de nuevo en Guatemala, con un esquema que se repite en El Salvador, Nicaragua y Honduras, éstos son los menos: mientras más de la mitad de la población percibe menos de dos dólares al día, un 0.003% de los guatemaltecos y las guatemaltecas posee casi el 50% de los depósitos bancarios del país.
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FIRMA INVITADA
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