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fOTO-REPORTAJE


COSTA DE MARFIL: la paz que no llega


La convulsa situación política que vive Costa de Marfil desde el golpe de Estado de 1999 ha sumido al país en una crisis económica, social y sanitaria


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ue ejemplo de modernidad y de estabilidad política. Eran otros tiem- pos. Los de bonanza del mayor productor de cacao del mundo que hacía que destacara en el complejo entramado africano. Pero de nue-


vo, desde el pasado mes de noviembre, Costa de Marfil vive inmerso en el caos tras la disolución del Gobierno y el aplazamiento de las elecciones que debieran haberse celebrado en marzo. Tras el golpe de Estado de 1999 y el estallido de la guerra civil en 2002, el país quedó dividido en dos: el sur controlado por el Gobierno y el norte en manos rebeldes. Ambas partes firmaron un acuerdo de paz en 2007, conocido como el Acuerdo de Uaga- dugú, que resultó en un Gobierno de unidad y el nombramiento del líder rebelde Guillaume Soro como primer ministro. La inestabilidad es el día a día de Costa de Marfil y las elecciones han sido retrasadas seis veces.


El censo electoral parece ser el eje de los aplazamientos electorales. El desacuerdo a la hora de establecer las bases para formalizar la población con derecho a voto, basado en intereses puramente electoralistas, sigue vigente. En el último intento, se logró consensuar un proceso de identifi- cación y registro del censo con el que se determinaron más de seis millo- nes de potenciales votantes, en un país de 18 millones de habitantes. Un intento baldío. Y la población no puede esperar más.


Los indicadores de desarrollo humano así lo atestiguan. El Índice de Desa- rrollo Humano (IDH) es de 0.4, de los más bajos del mundo y la esperanza de vida al nacer es de 56 años. El Índice de Pobreza Humana es del 37% y el gasto público en salud alcanza, por la mínima, el 4%. Con estos datos, la situación socio-sanitaria del país es deplorable y el acceso a los niveles mínimos de salubridad y saneamiento para la población, una quimera. A las dificultades y enfermedades que de por sí conlleva el no tener re- cursos, en Costa de Marfil se suma una de las Enfermedades Tropicales Desatendidas, la úlcera de Buruli (UB). Es endémica en este país africano que presenta las estadísticas más elevadas de la enfermedad.


Trabajamos en Costa de Marfil desde 1999, luchando contra la UB. Tras el estallido del conflicto y con el país divido en dos frentes, muchas de las organizaciones que venían desarrollando su labor en terreno salieron de sus fronteras. La Fundación Anesvad permaneció allí, manteniendo activos los proyectos gracias al trabajo de nuestras organizaciones alia- das en el Sur, que comenzaron a luchar contra dos enemigos: la UB y la guerra. Ésta última ha supuesto un freno para el trabajo que desarrollan organizaciones locales y ONGD, así como para las estrategias plantea- das por el Ministerio de Salud.


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