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¿Por qué mentoring?


Probablemente pocos departamentos están más ávidos de tendencias innovadoras y en- foques vanguardistas que los de RR.HH (sal- vando claro está, las áreas tecnológicas de las compañías que por su propio dinamismo y evolución, necesitan de actualización perma- nente). En esta continua búsqueda por aportar valor estratégico a sus organizaciones, muchos responsables de RR.HH, talento y/o desarrollo, acaban acudiendo a alguno de los talleres de divulgación que promovemos desde IMS para educar acerca del propósito, aplicaciones y modelos existentes en mentoring. La mayoría de los asistentes tienen en común, además de su procedencia de RR.HH, el que casi in- distintamente acuden con la idea de poder comprender de qué forma el mentoring puede satisfacer sus necesidades organizacionales, aunque sea desde un sentido de aportación de “novedad”.


No es infrecuente, por tanto, que la pregunta con la que inicio el artículo, resuene en sus cabezas, porque muchos vienen con la idea de que de contestarla satisfactoriamente conse- guirían vender de forma efectiva el mentoring en su organización y así aportar valor diferen- cial. Cuanto menos es una pregunta que es interesarse hacerse, no ya con el propósito de “vender” o aportar algo novedoso o distinto a lo que “ya se ha estado haciendo”, sino para ser conscientes de pará qué concretamente queremos impulsar el mentoring en nuestra organización antes realmente de promoverlo.


Entender el origen y fundamento del men- toring en nuestro desarrollo como seres hu- manos es clave para comprender el por qué puede ser útil implantarlo de una manera más formal y sistemática en la cultura de una orga- nización.


Para explicar su génesis, no voy a remitirme a estas alturas a las referencias literarias con la consabida explicación del origen de la palabra Méntor en la épica obra de Homero, o la pe- dagógica obra de Fénelon de aleccionamiento político, sino a algo mucho más primigenio,


como es el hecho de nuestra evolución como seres humanos. Y es que la base del mento- ring es la de promover y facilitar el aprendizaje, aprovechando la experiencia adquirida por algunos en el campo que sea en beneficio del desarrollo de los demás.


A diferencia de otros animales, como seres hu- manos nacemos con muy pocos aprendizajes “automatizados” (o lo que es lo mismo, instin- tos). Ésto, sin lugar a dudas, nos aporta una gran ventaja evolutiva con respecto al resto de fauna que puebla nuestro planeta al no estar restringidos a ningún nicho ecológico concreto, es decir, no somos animales de montaña, de mar o de desierto, por lo que en cierta medida podemos trascender y habitar cualquier entor- no por distinto que éste sea. Pero esta mayor ventaja colonizadora y evolutiva, también nos hace pagar un cierto “precio”. Por el simple hecho de nacer con pocos instintos imbrica- dos, tenemos también la desventaja de que en nuestros primeros años de existencia, depen- demos enteramente de las personas que nos rodean para satisfacer nuestras necesidades vitales y aprender a cómo responder al mundo en el que vivimos.


Aprender de otros y de nosotros mismos a partir de nuestra experiencia es, por tanto, la actividad fundamental en la que nos implica- mos desde los primeros minutos de existencia fuera del seno materno. Un animal puede en muy poco tiempo empezar a valerse por sí mismo adaptándose rápidamente a su entor- no, para ellos el aprendizaje tiene un recorri- do bastante corto, nosotros no tenemos esta “ventaja”. El beneficio es que nuestra capacidad de comprender y operar en el mundo es infini- tamente mayor, pero también nuestra necesi- dad de aprender continuamente se convierte en vital.


A medida que vamos creciendo, aprendemos a responder al mundo y darle un sentido, ini- cialmente teniendo la referencia de nuestros padres y más adelante a partir de diferentes personas con las que progresivamente nos iremos cruzando (familiares, maestros, amigos, etc…). Como adultos somos el producto de una


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