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que uno de ellos, de cierto tamaño, golpease a nuestro planeta provocan- do una hecatombe. Y si, como parecen demostrar las capas de iridio de nuestro suelo, esas mortales lluvias de proyectiles se producen a intervalos regulares, puede indicar que se debe a que algo, desconocido aún pero que posee una inmensa gravedad, está orbitando también alrededor del Sol, posiblemente en una órbita muy excéntrica y alargada, pero regular, constante y sádicamente puntual.


Y aquí se produce la sorpresa. ¿Qué puede haber en el espacio, relati- vamente cercano al Sol, orbitando elípticamente a su alrededor, con un período de decenas de millones de años y lo suficientemente masivo como para provocar una alteración significativa de la Nube de Oort? Ciertos as- trónomos consideran que tan sólo otra estrella es capaz de cumplir todos estos requisitos.


¿Cómo? ¿Otra estrella orbitando alrededor del Sol? ¿Y dónde está? Las estrellas tienen luz propia, de modo que debería ser observable, y mucho más si está relativamente cerca de nosotros…


...Bueno, sí, pero no en todos los casos. Por ejemplo, existe un tipo de es- trellas llamadas enanas marrones, que casi podrían ser consideradas como abortos de estrellas porque no adquirieron la suficiente masa crítica para que se produjera la fusión nuclear. Son relativamente frías y casi no emiten ninguna radiación, ni en forma de luz ni de calor, lo que las hace práctica- mente indetectables a nuestros sistemas de rastreo. Pero siguen siendo cuerpos muy grandes y pesados, lo que las convierte en importantes a nivel gravitatorio.


Como todos vosotros, crecí en el convencimiento de que el Sol es una estrella solitaria con una serie de planetas que orbitan a su alrededor. Pero lo cierto es que este tipo de astros es muy raro en el Universo, ya que lo habitual es que las estrellas se organizan en sistemas dobles o triples, de tal forma que al menos dos de ellas orbitan alrededor de un centro de gravedad común. Si esta teoría fuera cierta, lo que aún está lejos de de- mostrarse en la práctica, significaría que nuestra concepción del Sistema Solar ha sido errónea desde siempre. Y es muy posible que se demuestre más pronto que tarde; incluso la hipotética compañera del Sol ya ha sido bautizada como Némesis, la diosa griega de la venganza, es fácil imaginar por qué.


Si en los próximos años alguien lograse verificar esta teoría, eso significa que nuestros hijos y sus descendientes estudiarán en la escuela un vecin- dario cósmico muy diferente al que nosotros aprendimos; y también será una lección de humildad para nuestra especie, ya que nos demostrará que, pese a nuestro derroche tecnológico y los enormes esfuerzos de observa- ción y método científico que llevamos empleando durante siglos, la con- cepción que teníamos sobre nuestro entorno más cercano era tan errónea como cuando creíamos que la Tierra era plana o el centro del Cosmos. Incluso es muy posible que nuestros nietos se rían de lo ignorantes que éramos sobre algo que a ellos les parecerá natural.


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