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aprendiendo a reponer estos dos recursos, que son limitados. Abrazar este concepto y deste- rrar para siempre la excusa “no tengo tiempo” les ayudará a incrementar notablemente su productividad.


No es tanto el “qué”, sino el “cómo”. Y ahora también… presentismo electrónico El presentismo es, por tanto, una forma


inadecuada e inefectiva de gestión de perso- nas. El modelo de trabajo presencial (en ofici- na) con un horario inflexible no responde a las necesidades de los clientes (globales) ni tam- poco de los empleados (necesidad creciente de equilibrar su vida laboral y personal).


Los continuos avances de los medios


tecnológicos hacen posible, cada día más, el trabajo colaborativo y flexible.


Sin embargo, esa potencialidad no está


siendo suficientemente asimilada ni aprove- chada por las empresas que mantienen la in- flexibilidad de sus jornadas y lugares de traba- jo, además de no proveer a sus empleados la necesaria formación en la utilización estratégi- ca de esas herramientas.


El resultado está a la vista de todos: el


incremento notable del presentismo virtual o electrónico.


Defino presentismo virtual como “estar


presente virtualmente, prestando tu atención y energía a las comunicaciones electrónicas la- borales cuando te encuentras en tus ámbitos


“Trabajando dedicadamente ocho horas al día puedes llegar a ser jefe y trabajar doce horas al día”.


Evitar el presentismo virtual se refiere a


crear o desarrollar una sensación de autono- mía respecto a cómo, dónde y cuando trabajas para completar tus tareas y conseguir tus obje- tivos laborales.


Procura que no te pase (involuntaria- mente) lo que señala el poeta Robert Frost:


El hábito no sólo se extiende fuera de


la jornada laboral, sino que invade los fines de semana y los períodos de vacaciones.


personales (familia, amistades, ocio, desarrollo personal, bienestar físico, etc.)”.


Crece el número de individuos afecta-


dos por este hábito y crece el uso del hábito en cada individuo. Cada vez nos parece más nor- mal interrumpir lo que estamos haciendo (no importa el qué), por ejemplo una conversación, cena con nuestros amigos o familiares, asis- tencia a un espectáculo, para desplazar nues- tra atención al mensaje o llamada entrante e in- cluso responderla. Algo que no merecería más importancia si se tratara de un hecho aislado e infrecuente, pero que repetido tan frecuente- mente y en momentos tan inoportunos invita a plantearse preguntas del tipo ¿Realmente qué es lo que más me importa en esta vida?


Jaime Bacás


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