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LA FOTO DEL MES EN PORTADA


bamos, incluso nuestros juegos... Son fotos, como se recuerda en otro lugar de este número, para la historia. Histórica ha sido también la par- ticipación en esta semana, en la que hemos conocido fotos de todo tipo y lugar. Histórica, por su calidad y sobre todo por su número: más de 500 fotografías llegadas de todos los rincones del mundo, lo que ha hecho especialmente difícil decantarse por una a la hora de elegir una para ilus- trar nuestra portada. Al final, tras muchas dudas, gene- radas especialmente por las muchas posibilidades de elección, hemos op- tada por esta de nuestro moldeador Javier Madroñero, una imagen con todo el sabor de época.


Es una fotografía de sus abuelos, tomada en 1913, cuando la fotogra- fía aún se movía en un ámbito muy cerrado, y que recoge una escena muy habitual en aquellos tiempos: una imagen del día de su boda, un día muy especial en la vida de todas las parejas y que por aquellos años, y hasta muy entrado el siglo XX, era muy habitual en los salones de todas las casas, hasta el punto de que, has- ta que se popularizaron las cámaras fotográficas domésticas y comenzó a ser obligatoria la foto en los docu- mentos de identidad, para muchas personas la fotografía de su boda era la primera de su vida. Y en algunos casos quizás la única.


Como ésta del archivo de Javier, Recuerdos de familia La reciente semana dedicada a la Memoria Histórica Fotográfica nos ha


servido para hurgar en los baúles y rescatar viejas fotografías, todas ellas to- cadas del hálito mágico del recuerdo que a sus protagonistas les sirvió en su momento para aislar un suceso concreto de su trayectoria vital y que a quienes las miramos desde fuera nos sirven principalmente para reencontrarnos con un tiempo pasado que nos ayuda a comprender quiénes somos mediante el análisis de lo que fuimos y cómo vivimos. Estas fotos, en las que generalmente la figura humana alcanza todo el protagonismo, nos devuelven escenas a cuyo través podemos recordar nuestra forma de vestir, nuestros muebles y adornos, los escenarios en que nos movíamos o los vehículos en que nos desplazá-


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tales fotos, que solían realizarse en el estudio del propio fotógrafo o en un rincón habilitado como tal en el propio domicilio, nos remiten a una forma de vestir y de entender la de- coración que en la actualidad, espe- cialmente por el tono sepia que han alcanzado con el tiempo, nos retro- traen a un tiempo no tan lejano que ha sentado las bases de nuestra ac- tual realidad digital. Tan distinta, pero con tantos puntos de contacto.


1Francisco Trinidad


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