ascensor porteño es una experiencia única. Además de ser un extraordi- nario mirador en movimiento. Las viejas cabinas de madera, crujen con el esfuerzo que realizan los motores para salvar el desnivel entre las dos estaciones. Son viajes cortos, pero in- tensos. Los ascensores no deberían des- aparecer nunca. Ojalá que en poco tiempo se invierta el pesimismo y vuelva a ser una realidad soñada y querida por todos los que amamos la ciudad.
Algunos de los ascensores, tienen más de cien años de funcionamien- to. Son auténticos monumentos vivos que deben de permanecer activos. La ciudad, dejaría de ser lo que es, sin ellos. Los cerros de Valparaíso han mar-
cado el crecimiento de la ciudad en el último siglo. Si observamos cual- quier fotografía de principios del si- glo XX nos daremos cuenta que eran simples quebradas con muy pocas edificaciones. Hoy, son el verdadero núcleo social de la ciudad. Sus ca- sas, conforman una vista fotográfica
La luz en los diferentes cerros cobra un especial protago- nismo a manera de múlti- ples micro climas que tienen sus características peculiares para poder conseguir buenas fotografías
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única. Pintores y fotógrafos, nos be- neficiamos de tal orografía. Es un es- pectáculo impresionante observar un cerro desde cualquier otro, cuando la luz porteña, acaricia sus multicolores fachadas. Fotografiar los cerros o sus de-
talles, requiere de un pequeño es- tudio previo de la zona. Muy básico pero necesario. Lo primero es saber por donde sale el sol y por donde se pone. Así nos evitaremos la desagra- dable sensación de haber perdido nuestra ascensión al no poder conse- guir buenas imágenes por culpa de los contraluces. Los cerros, son realidades vivas que parecen sacadas de un cuadro de cualquier maestro cubista de la primera mitad del siglo pasado. Su simple observación, viendo como la
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