polifacética que se autotransfigura en cada toma; de esta explosiva mezcla nace una frialdad gótica y fetish que desgarra toda lógica humana, una fluidez vaporosa que te arrastra ha- cia el lado más sutil de las tinieblas, alcanzando cotas de elevada sensua- lidad frigorífica. Silent-View es pues, pasión extrema por el goticismo bi- polarizado, una especie de alucina- ción obsesiva que trasciende todos los sentidos humanos, jugando un doble rol entre el Marqués de Sade, la fría erótica de lo inerte y el culto religioso más retorcido que trata de las sensaciones internas del más puro aislamiento gótico. El duo Silent-View trabaja para innumerables revistas del género, como Elegy, Marquis, Von Gutenberg Magazine, Gothic Magazine, Orkus, Sonic
Seducer, Dark Spy…; para
bandas musicales como Deathstars, Kirlian Camera, The Horrorist, Pro- ject Pitchfork, Covenant, Cat Rapes Dog, The Eternal Afflict, Spectra Pa- ris, Santa Hates You…; así como para diseñadores de moda como Elizabeth Parker Hats, Vecona, Royal Black, Jane Doe Latex, Ponymaedchen, Amore De Mori, Danny Deluxe, Les Incroyables, etc.
Técnicamente hablando, Silent-
View es una envoltura lumínica es- pectacular, responsable de la cober- tura estilística de las obras. La luz es la reina de sus obras, el premio Nobel de sus tesis. Negros puros, negros coloreados, blancos muertos, como mármoles veteados, que agrietan el tiempo y la vida hacia una muerte. Rojos carmesí, amarillos envejecidos, cuarteados, verdes esmeralda, vio- letas eclesiásticos, un arco iris que huye de su brillo chillón para evolu- cionar hacia tonos mas mortecinos, encerrados entre criptas tonales que tejen una realidad angustiosa. Las modelos que aparecen en sus
trabajos se presentan como figuras no humanas, aunque su apariencia demuestre a priori que lo son; es una trampa, justo lo que atrae, su belleza
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mente dando mensajes de complici- dad lésbica o atracción mórbida. Hay personajes que permanecen sumergi- dos entre aguas lechosas, desnudos con ciertos atavíos de contraste como una imagen de contrarios en pugna y deseo. Son muñecas de malévola por- celana, con corrosiones hacia el rojo y el gris plomizo, entre argenta y metal vampírico. Son símbolos de blanca dermis, figuras inmóviles, carentes de soplo vital, frías como el acero con aroma de rosas rojas y frutas encar- nadas. No son almas cognibles, con colmillos o capas voladoras, espec- tros blanquecinos capaces de helarte la sangre con un solo beso con sabor a hiel salina. Las modelos son rom-
perfecta y atrapante, ajena a lo co- tidiano; son seres que viven de su propio alimento cosmogónico, como la serpiente gigante que se traga el animal cazado y lo digiere lentamente una vez dentro del sus entrañas. La calidad de sus trabajos es ex-
quisita, una definición extrema que exhuma el olor a vampiro sin estar a su lado. Todos los atrezzos están sabiamente elegidos, todo encaja en su lugar, incluso se atreven a mezclar conceptos independientes como las vestimentas antiguas y los látex futu- ristas y perversos, sin olvidar conno- taciones con máscaras de gas, anima- les disecados, iconografías religiosas y mobiliarios de anticuario. Hay pro- tagonistas que parecen muñecas, seres inanimados como títeres en las manos de quienes manejan los sub- mundos. Otros se implican sensual-
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