La tecnología como un medio político
lo que los intelectuales dicen que debe querer. No lee programas de Gobierno, se comunica y recibe comunicaciones de los dirigentes divirtiéndose en la televisión.
En la práctica, esa ampliación de la democracia lleva al debilitamiento del Estado Nacional y al fortaleci- miento de las autonomías. Al menos internamente en occidente, los sueños imperiales se derrumban.
La gente quiere participar cada vez más en el mane- jo de sus destinos, pero de sus destinos reales. Sabe que los ciudadanos comunes conocen más las nece- sidades de la escuela o del barrio que una burocra- cia lejana que a veces ni conoce físicamente el sitio en que se producen las necesidades. Quieren que tengan más poder las autoridades locales, los padres de familia, los maestros de la escuela, la junta de vecinos… El poder real irá cada vez más a ese tipo de organismos. Y para quienes tienen una concep- ción épica de la historia esto es un desastre. La gente no quiere dar la vida por la patria, sino que la patria le deje vivir en paz. Cada vez tenemos menos estat- uas e héroes ecuestres, y no sólo porque hay menos caballos, sino porque también hay menos héroes y menos estatuas. Felizmente.
En ese contexto, la política será cada día menos mágica y más pragmática, menos dependiente de mitos racistas y más razonable. Hace un siglo los que hacían política buscaban el cielo o el triunfo histórico de la iluminación sobre el oscurantismo. En el futuro, los dioses y los cielos tendrán menos devotos y menos habitantes. Serán, reemplazados por los afectos, las antipatías, las necesidades de los electores y de los ciudadanos, y también por sue- ños, mitos y temores menos apocalípticos. Lo que Greensberg llama “Los sueños de la clase media”.
El individualismo tiende a agudizarse. Los seres hu- manos de la sociedad post moderna son hijos de la televisión, la computadora, internet. Desde sus primeros años de vida construyen su realidad frente a pantallas, que en buena parte han desplazado a sus padres de sus vidas. Los electores del futuro estarán mucho mas influidos por al información que en- cuentren en la realidad virtual, que por tradiciones o prejuicios de aquellos que transmitían la familia o el clan. Esto no significa que entramos en la edad de la razón. Los medios más modernos transmiten supersticiones y creencias disparatados con un halo de modernidad.
Al mismo tiempo será gente mucho más infor- mada que la actual. Actualmente cualquier niño de escuela tiene acceso a más información de la que tenían los líderes más importantes de nuestros países hace cincuenta años. Su mayor información les per- mite vivir con supersticiones remasterizadas y con concepciones menos maniqueas, más light y menos dramáticas de la sociedad. Harry Potter sustituye a Odiseo, y la Ilíada es una película y no una epopeya. Ese enorme acceso a la información no significará necesariamente lograr una visión más crítica de la sociedad. Como dijo Karl Popper, “los ordenadores ayudarán a solucionar muchos problemas y respond- er muchas preguntas, pero nunca formularán esos problemas ni podrán concebir nuevas preguntas”.
Los nuevos electores serán mucho más tolerantes con los demás. Los jóvenes cibernautas establecen en la Red contactos con todo tipo de gente y saben que existen otros que son diversos, que las divisiones entre buenos y malos, normales y anormales, razas escogidas y razas inferiores son, en el fondo, un poco idiotas.
Los partidos políticos en su forma actual desapa- recerán. Los intereses reales orientarán más abierta- mente la acción política. Será menos frecuente decir “defendemos el petróleo de todos los mexicanos”. Se dirá de manera más transparente, queremos de- fender los derechos adquiridos como trabajadores
la política será cada día menos mágica
y más pragmática, menos dependiente de mitos racistas y más
razonable.
Abril 2010 H 23 Politics
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