EL OTRO AMIGO
Esta idea mía se ejemplifica trasladándose, por ejemplo, hacia uno de nuestros países latinoame- ricanos: Argentina en aquel grave incidente deno- minado La Puerta 12, sucedido el 23 de junio de 1968 en el estadio Monumental durante un clásico River-Boca en el que 71 personas murieron aplas- tadas y asfixiadas. En gran medida, por ineptitud de los cuerpos de seguridad.
Sin embargo, estimamos que las causas objetivas que generan la agresividad a veces quedan ocultas por lo traumático de los incidentes y no nos dejan ver el verdadero detonante, por eso, para validar el pre- sente artículo, realicé una encuesta, considerando al- gunos aspectos puntuales sobre la violencia en el fútbol, siendo más resaltantes los siguientes: Al pre- guntarle a un grupo de 30 personas si había más vio- lencia en los deportes colectivos versus individuales, el 100% de los encuestados dijo que sí. Un 75% mencionó que hay más violencia en los deportes practicados por varones que en los femeninos. El 100% de los encuestados dice que las barras de los diferentes equipos propician la violencia que se da en cualquier parte y el 92% le parece que esas barras no se rigen por principios éticos. Un 85% considera que los efectivos policiales no están preparados para resolver conflictos de esta naturaleza y solo un 19% de los encuestados relacionó la violencia en la can- cha con de la violencia en la sociedad.
Los porcentajes más altos apuntan a 3 factores que pueden estar generando la violencia: el primero, las barras, pues el 100% opina que ese es el punto donde se genera la violencia; la falta de principios éti- cos en estas barras parece que es un factor impor- tante también y la actuación de los cuerpos de seguridad es otro.
Particularmente atribuyo la violencia en el fútbol a la falta de orgullo de algunos espectadores o hinchas de los equipos porque, tan avanzado vaya el equipo que un determinado grupo apoya, el contrincante se siente impotente y genera violencia en su hinchada, es decir, que la ira de una hinchada es proporcional al éxito del equipo contrario.
Dentro del historial del fútbol encontramos cuatro tipos de confrontaciones, unas entre barras y barras, otras entre barras y jugadores, otras entre barras y cuerpos policiales y la última entre jugadores. En este sentido, son muchos los ejemplos que se puede dar a lo largo del tiempo como la tragedia de Haysel en Bélgica, la del clásico Boca River que mencionamos anteriormente o más recientemente como la de Puerto Said en Egipto donde fallecieron 73 perso-
nas. También el caso de Cristian Vieri o Andrés Es- cobar y el famoso y recordado cabezazo de Zidane a Macceratti en la cancha. Muchas de estas accio- nes se originan por diversos y variados factores como la tensión por partidos previos, la rivalidad entre equipos de las mismas ciudades o los famosos clásicos, también por la coincidencia de barras en una misma tribuna o zona del estadio, la sobreventa de entradas, la influencia de drogas y alcohol, la ten- sión por obtener un título e inclusive la predisposición
Dentro del historial del fútbol encontramos cuatro tipos de confrontaciones, unas entre barras y barras, otras entre barras y jugadores, otras entre barras y cuerpos policiales y la última entre jugadores
de medios en los seguidores de los equipos. La fuerza de las barras se ha ido sintiendo mundial- mente. Tanto es así que son muchas las que ya se conocen como el caso de legendarios y bastante violentos Hooligans del Reino Unido, los Ultras de Italia, las Torcidas Organizadas de Brasil y las Barras Bravas de Argentina, entre otras.
A manera de conclusión, quisiera expresar mi deseo porque estas barras bravas no se alimentaran de la euforia que los conduce hasta aniquilar, muchas veces, todo lo que atañe al fútbol. Lamentablemente, la violencia en la cancha es un problema estructural que aún no ha logrado controlarse: mucha emoción y frustración contenidas en un partido, sin duda, un coctel feroz.
• *Columnista de 11 Amigos
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