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DOSSIER


aficionados rivales. Es probable que esa tendencia a procurar “tensión previa” a los partidos no busque otra cosa que audiencia en esos mismos medios de comunicación.


Pero es injustificable que los mismos medios que provocan con sus comentarios previos luego se la- menten y critiquen a los energúmenos que llevan sus proclamas a comportamientos violentos. Porque, si sabemos que hay esa clase de individuos, debemos condicionar el lenguaje previo de cada partido en busca de las facetas más deportivas, mas interesan- tes pero no más agresivas. Quizá sería bueno aban- donar una terminología propia de guerras, porque no hay “enemigo”, sino “adversario” o “contrincante”, porque no puede haber un “partido a muerte” en busca de los puntos necesarios para ganar la liga o permanecer en la categoría. No podemos evitar que unos “ataquen” y otros “defiendan”, pero damos por


Es sólo fútbol, deporte, y es divertido, practicarlo o contemplarlo, así que la profesionalidad de estos actores, y la tensión y el compromiso con sus equipos, no puede justificar los comportamientos agresivos ni dentro ni fuera de los campos


hecho que en el campo no están armados y no deben estarlo, así que sería bueno una reflexión por parte de los medios de comunicación para que bus- quen el lado divertido de todo esto y no “sufrir” con estos eventos.


Sin embargo, y no para exculpar a los periodistas, es verdad que jugadores, entrenadores y, sobre todo, presidentes de clubes, se distinguen por su “violencia verbal” en contra de los equipos contra- rios, especialmente antes de los partidos o después si el resultado no ha sido bueno. La petición de re- flexión hay que dirigirla también a los principales ac- tores de fútbol, para que mantengan en todo momento, un comportamiento puramente deportivo, que es de lo único que se trata.


Es sólo fútbol, deporte, y es divertido, practicarlo o contemplarlo, así que la profesionalidad de estos ac- tores, y la tensión y el compromiso con sus equipos, no puede justificar los comportamientos agresivos ni dentro ni fuera de los campos. En esto llamamos la atención de otros colectivos implicados: árbitros y comités de disciplina deportiva. Como se trata de


administrar justicia, se debe repartir la competencia de cada uno. El árbitro no debe tolerar un compor- tamiento agresivo ni disfrazado de “virilidad del fút- bol” ni de “contacto físico”. Hay deportes de riesgo en los que está absolutamente sancionado el com- portamiento antideportivo y en los que, incluso, la sanción se ejecuta inmediatamente cometida la in- fracción, pero eso no ocurre en el fútbol.


Y no sólo eso. Si el árbitro, disculpado porque está solo en una hectárea de superficie con la única ayuda de dos jueces de línea que están precisa- mente en los bordes, la justicia debe llegar aunque sea tarde por parte de los comités deportivos. In- cluso si esos comités tampoco son capaces de san- cionar conductas violentas de jugadores que no hayan sido convenientemente castigadas por el ár- bitro, debería ser posible que actuara la Justicia or- dinaria, porque el ordenamiento penal así lo permite. En ninguna parte, salvo en el fútbol, es posible pe- garle un puñetazo a alguien ante miles de personas o la televisión, con el único castigo de uno o dos fines de semana sin jugar. En la vida real, fuera de los estadios, acarrearía probablemente una de-


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