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DOSSIER


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Durante mucho tiempo, las autoridades deportivas y los equipos de fútbol no fueron capaces de asumir medidas para controlar las acciones que se multipli- caban. Sólo fue hasta el 2008, que la Federación Ve- nezolana de Fútbol (FVF), creó una comisión antiviolencia a raíz de los hechos en un encuentro en Barinas entre Zamora FC y Deportivo Táchira. De ahí surgió una resolución para combatir el flagelo que, a la siguiente temporada pasó a formar parte de las normas reguladoras del campeonato. La nueva re- glamentación vigente, contempla una serie de obli- gaciones de los clubes para combatir la violencia a través del control de sus aficionados.


Pese a la nueva normativa, la violencia no se ha visto frenada. Por el contrario, en cada jornada surgen nuevos enfrentamientos entre barras. Lejos de en- contrar una solución, proliferan las acusaciones entre los equipos. Para la FVF, la culpa siempre la han te- nido los clubes, ya que a su juicio, no cumplen con la reglamentación. “El club tiene el reglamento en sus manos y sabe qué medidas debe tomar. Si no las toma, son los responsables de los hechos”, ha afir- mado en reiteradas ocasiones Laureano González, vicepresidente de la FVF y presidente de la Comisión de Torneos Nacionales del mismos organismo.


La reacción de las dirigencia ante este flagelo ha sido tardía y lleva un trecho largo de ventaja para combatirlo


Por su parte, los equipos se defienden afirmando que por sí solos, no pueden controlar la violencia y que necesitan de la intervención del estado. A pesar que la FVF prometió ser más estricta con los clubes para que cumplan las normas, y los equipos realiza- ron algunas campañas para erradicar el flagelo, el problema siguió. Los violentos siguieron como pro- tagonistas y de nada sirvieron las medidas de sus- pensión de cancha y multas. Las barras se han sentido con más fuerzas, alimentadas por una espe- cie de impunidad, al no ver castigo efectivo por esas acciones.


SIN CONCIENCIA El primer factor para que la violencia se haya des- bordado es la poca conciencia del asunto. La diri- gencia siempre se ha excusado en que no pueden solas, pero a la vez, le brindan todo tipo de benefi-


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