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LA LECTURA


un hombre que valora la responsabilidad y la dedi- cación de sus jugadores. Alguien que no tolera la in- disciplina, que no alcahuetea la rebeldía y que nunca permitirá que el talento sea excusa para un mal com- portamiento. Pues en Colombia han sobrado juga- dores con aptitud, al igual que ha faltado la disciplina, la mentalidad y el trabajo para lograr algo más que el recuerdo lejano de un par de célebres resultados. La llegada del profesor Pekerman a las líneas de la Selección Colombia ha suscitado una inmensa ex- pectativa que supera el deseo básico de ver resulta- dos. No es solo cuestión de ir o no a los mundiales, pues ese no es ni debe ser un objetivo real sino el resultado de un proceso. Es la necesidad de ver en la selección un grupo representativo de la pasión más grande de los colombianos. Es saber que cada resultado es parte del proceso de formación de un estilo propio de jugar al futbol. Es alejarse de la idea de disfrutar del fútbol solo cuando surgen estas ge- neraciones que brillan por sus estrellas. Es formar una identidad deportiva que supere la suerte y ob- tenga resultados por su trabajo, constancia y disci- plina. Y, ante todo, es generar una cultura de desarrollo a través del deporte más lindo del mundo.


Y estamos en el momento de construir. La Federa- ción Colombiana de Fútbol acertó en designar a Pe- kerman como el arquitecto que reconstruyera los cimientos del futuro del fútbol nacional sobre las rui- nas de doce años de fracasos. No solo cuenta con una camada de jugadores importantes que atravie- san por excelentes momentos en sus clubes interna- cionales, sino que ha mirado hacia el recurso humano de adentro y se ha concentrado en desarrollarlo como semillero futuro de la selección. A través de los microciclos nacionales, Pekerman no solo forma a los jóvenes de la liga nacional, sino que motiva a estos mismos a destacarse para ser seleccionados. Con la llegada del seleccionador argentino, se respira un nuevo aire y se siente, sin duda, un optimismo unifi- cado. Pero todavía no desiste la ansiedad frente a la eliminatoria. A menos de un mes de la quinta y sexta jornada, nos encontramos frente a una tabla cerrada en la que cualquier cosa puede pasar. Todas las se- lecciones están rindiendo a muy altos niveles y es muy incierto el terreno para afirmar quien va a tomar el puesto que libera Brasil por ser sede.


Pero en últimas, repito que lo que esperamos de Pe- kerman es que acabe con el anhelo para que co- mencemos a vivir una realidad. Que cree los fundamentos mentales para que mis hijos no se li- miten (como yo) a soñar con llegar a un mundial, sino con pelearlo y algún día lograrlo. Que tengamos una selección que las demás delegaciones teman en-


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frentar. Que cada niño que nace con la ilusión de jugar, tenga la posibilidad de intentarlo. Para que cuando lo reclute la cantera del Cali o del Envigado, entienda que ese es el primer paso a una vida sana y digna. Que así como lo han logrado James, Guarín y Falcao, con trabajo, responsabilidad y disciplina, sus logros tampoco tienen límites. Y que además, puedan contar con que su talento será desarrollado por manos capaces. Pues estoy segura que el mismo Teo hubiera sido otro en manos de un Bielsa, un Martino o un Pekerman y no en las manos de un Bolillo, que nunca tuvo la capacidad para formar.


En algún punto del camino hicimos un giro inespe- rado que cambio el horizonte por completo. Por eso, retomamos el reto de la eliminatoria a Brasil con mejor energía y muchas más probabilidades de volver a las páginas del álbum del mundial. Después de todo, esta generación del ’82 tiene la oportunidad única de resolver un empate histórico de ese tres a tres. Y saber, finalmente, cual de esos resultados es la regla y cual es la excepción. Hablo como hincha, pero creo que el desempate será a nuestro favor. Que volvere- mos a surgir y que esta vez sabremos mantenernos. Y aunque no quiero anticiparme, admito que espero poder celebrar el despertar de este tigre dormido. Pues finalmente se me cumplió el sueño de tener una nueva camiseta. Y de tener quien la dirija, quien la luzca y quien la lleve a cuestas.


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