la pertenencia o influencia de determinada corriente, sino el resultado muy personal, muy íntimo de su autor y, en consecuencia, es impo- sible obtener un agregado uniforme que pudiéramos reconocer por medio de un nombre único. “Empero, considero que este es el mejor momento para que los
artistas sobresalgamos en forma natural y singular, sin referencias in- comodas o pertenencias obligadas a corrientes, tendencias, academias o nacionalidades”, dice y agrega: Como nunca, los artistas disfrutamos hoy de una amplia liber-
tad, aunque esta misma implica la férrea voluntad de realizar su obra, manifestando en ella sus aspiraciones individuales como pintor, escultor o grabador El también presidente de la Academia de Pintura de la So-
ciedad Mexicana de Geografía y Estadística, en gran parte de su obra, hace gravitar cuatro siglos de supervivencia indígena “siempre amenazada por los hombres que heredan el poder y ol- vidan al dueño de la tierra que la trabaja”. El maestro, con más de 60 años de trayectoria y formado
en la escuela mexicano-hispánica de pintura, reconoce que en México “donde por fortuna, a nivel artístico, somos primermun- distas”, ha descendido la venta de obras, porque la clase media, que es la que tradicionalmente adquiría cuadros o esculturas, li- teralmente está destrozada. Sin embargo, estima finalmente que siempre habrá mercado
para los buenos artistas, más allá de las modas que las diversas corrientes suelen imponer.
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UNA BOLSA NACIONAL DE ARTE, ASEGURA EL MAESTRO ZAPATA
le otorguen las operaciones generados por su propia actividad. Donativos en dinero o espe- cie, entre otros recursos, formarían un fondo que otorgue fluidez y prontitud a las operaciones de la Bolsa. Igualmente el pintor y escultor revela que
incluso existen potenciales actores del proyecto, como las galerías, casas subastadoras, orga- nismos gubernamentales y educativos, artistas, clientes y corredores de arte, que buscan la mejor ubicación económica de los bienes que represen- tan.
Su operación, dijo, permitiría un mayor juego co-
mercial para los entes involucrados en este mercado. “Pongamos por ejemplo el hecho común del cliente que, al adquirir obras a un precio relativamente bajo, po- dría en el futuro venderlas a un precio más elevado”, comenta. “De hecho, mediante este sistema el artista emula
las acciones de una Bolsa de Valores al recuperar la obra adquirida por su cliente y darle un nuevo valor. “El autor -prosigue-, tiene una nueva oportunidad
en la reventa, aprovechándose, además, del aumento de precio que su prestigio, logrado a través del tiempo, le ha agregado a la obra en cuestión. “Esto es posible también por el carácter patrimo-
nial que adquieren las obras, lo que frena su deprecia- ción y logra, en muchos casos, una mejor cotización”, puntualiza. Agrega que “muchas galerías y grupos financieros
se comportan con alto sentido especulativo al utilizar el arte en forma de acciones bursátiles, susceptibles a las ventajas del crecimiento de un mercado, en el que son cada vez más escasas las obras antiguas y clásicas y empiezan a dominar con su presencia, las piezas con- temporáneas. “Empero -dice-, hoy como siempre, existe una re-
gla de oro, que al observarla ahorrará muchos tras- tornos: se debe adquirir lo que realmente gusta, pues el mercado es un juego de sube y baja, íntimamente relacionado con las veleidades de la moda y los gustos variantes de las personas y los tiempos”. (AVV)
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