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LAS CATARATAS EPUPA La siguiente parada en nuestro itinerario será para conocer otra de las maravillas de Namibia y por la que merece la pena visitarla: se trata de las cataratas de Epupa. Aquí, el viajero NUBA, practicará el rafting por la mañana, dará un paseo por la tarde o se relajará en el Epupa Falls Lodge. Estas cataratas del desierto norte están en las riberas del río Kunene y salvan desniveles consecutivos durante más de un kilómetro a lo largo de un paisaje dibujado por una vegetación tropical con hermosos palmerales. A su paso forman piscinas naturales en la roca, donde resulta muy agradecido darse un baño y descansar al sol.


UN CONCEPTO DE LA VIDA DIFERENTE La tranquilidad del desierto esconde la vida salvaje a los ojos del viajero despistado pero para el que es más atento, Namibia enseña un concepto de la vida diferente que se aprende observando a sus animales y la fauna. Un ejemplo de la inteligencia animal es la simbiosis que existe entre las acacias y las hormigas, las acacias forman nidos de un material similar al corcho con forma de bolas donde se resguardan las hormigas. Su enemigo común es la jirafa que tiene una lengua azulada y alargada extraordinariamente capaz. Las hormigas se defienden picándoles y así las alejan.


Al contrario de lo que pensamos, los elefantes se revelan como animales caprichosos y frívolos. Es habitual ver como alargan su trompa para coger la fruta de los árboles y en este esfuerzo tiran el árbol dejando espacios arrasados a su paso. Sin embargo, nos los imaginamos como animales tranquilos e inocentes, duchándose unos a otros con sus eficaces trompas en una charca en interminables baños de agua que completan luego con baños de polvo para despistar a los parásitos que van a la humedad.


Otro ejemplo es un escarabajo que sobrevive en el desierto gracias a una habilidad que ha inspirado a un grupo de científicos británicos a desarrollar ciertos trucos hidráulicos. El animal en cuestión,


conocido como Oypuca, trepa a lo alto de la duna y recolecta agua potable de la niebla en su espalda que las protuberancias y hoyos de su cuerpo canalizan hasta su boca.


LA TIERRA DE LOS DAMARAS Namibia es una de tierra impregnada del espíritu alemán contagiado por la gracia de influencias africanas. Su población es realmente pequeña aunque hay que tener en cuenta que no tiene ni 30 años de historia y que en estos momentos está en el poder su segundo presidente y que sólo hay un partido político. En el nivel más alto de la evolución humana en el territorio hostil del desierto se encuentran algunas de las etnias más antiguas del planeta: bosquimanos y himbas. Existe un contraste enorme entre las poblaciones de las ciudades costeras y las de Damaraland.


En Skeleton Coast, la costa de arena que es rota en el río Kunene y que posee una increíble vegetación verde, viven los himba. Se trata de una población amable que recibe al viajero con una naturalidad sorprendente. Están muy bien organizados y viven del pastoreo y de la recolecta. Las mujeres son entrañablemente femeninas, recias pero muy coquetas, algo que se ve enseguida ya que están continuamente embadurnándose con arcilla.


Cuando el atardecer cae sobre las lomas, el tono pardo de las pieles de sus mujeres cobra un rojizo más intenso. Sus cuerpos esculturales untados de arcilla llaman en seguida la atención. Son, sin duda, las mujeres más bellas de África. En Damaraland por contraste, a poco más de 100 kilómetros y en la siguiente parada del viaje, viven los damaran. Esta tribu se caracteriza porque tienen el lenguaje más primitivo del mundo: el lenguaje de los “clic”. Viven en el desierto en cabañas de piedra: una forma de vida que hay que ver para poder entender. No es muy fácil verles ya que son gente muy ocupada. Su estructura mental es muy diferente y viven el día a día como si fuera el último. Sus conocimientos sobre la tierra son asombrosos y curiosos, pueden curarse de la exetizemia con hierbas o conseguir


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