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tor agrícola, en la salud de la población, en la disponibilidad de agua, en el turismo, en la in- fraestructura urbana y en la biodiversidad y los ecosistemas, entre otros (Magrin et al., 2007). Los efectos se podrían intensificar en el futuro en caso de que no se lleven a cabo, a escala global, las acciones necesarias para mitigar las emisiones de gases de efecto invernadero y no se instrumenten las medidas e inversiones co- rrespondientes para la adaptación a las nuevas condiciones climáticas.


Para 2050 se prevén amenazas sobre los bienes y servicios ecosistémicos alrededor de la cordillera de los Andes, en México, Centroamérica, el Cari- be, y el sur oriente de Brasil. Habrá efectos nega- tivos sobre la pesca en el litoral pacífico del Perú y Chile. La disminución en la precipitación trae- rá consigo efectos adversos sobre el rendimiento agrícola en diversas regiones y países del conti- nente. Destaca además, la alta vulnerabilidad de Centroamérica y el Caribe frente al aumento de los eventos extremos que se prevé ocurran con el cambio climático (Figura 2.1). Asimismo, el au- mento de la temperatura de la superficie de los océanos haría más frecuente el blanqueamiento de los arrecifes de coral, con efectos negativos para la pesca y el turismo. De igual manera, bajo el escenario de mayor aumento en el nivel del mar (A1F1), existe una seria amenaza de des- aparición de los manglares en las costas bajas, con graves impactos sobre la diversidad biológi- ca (aves, peces, crustáceos, moluscos) en estos lugares.


Diversos estudios a nivel mundial y para la re- gión, a pesar de las diferencias en las técnicas y métodos utilizados, encuentran que los costos económicos del cambio climático son signifi- cativos. Los costos totales de la inacción frente al cambio climático equivaldrían a una pérdi- da anual permanente de, al menos, 5% del PIB mundial (Stern, 2007). Para Centroamérica las es- timaciones de los costos económicos del cambio climático hasta 2100, utilizando una tasa de des- cuento del 0,5% y basados en los impactos en el sector agrícola, biodiversidad, recursos hídricos, y debidos a huracanes, tormentas e inundacio- nes, son de aproximadamente 54% del PIB de la


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región Centroamericana de 2008 en el escenario A2, y de 32% del PIB de 2008 bajo el escenario B2 (CEPAL/CCAD/DFID, 2010).


Para Uruguay, usando una tasa de descuento del 4%, las pérdidas acumuladas hasta 2100 se es- timan en 50% del PIB de 2008 en el escenario A2 y de 0,3% del PIB de 2008 en el escenario B2 (CEPAL, 2010). En Chile, con una tasa de des- cuento del 4%, los costos económicos acumula- dos del cambio climático se estiman en 0,82% anual del PIB hasta 2100, en el escenario A2, y de 0,23% anual del PIB en el escenario B2 (CEPAL/ BID/Gobierno de Chile, 2009). Para México, las estimaciones muestran que los costos econó- micos de los impactos climáticos al 2100, con una tasa de descuento anual del 4%, alcanzan, en promedio, el 6,22% del PIB actual (Galindo, 2009). Estos costos, asociados al cambio climá- tico, se convierten por lo tanto en un freno e in- tensifican la restricción presupuestal de los paí- ses de la región en el camino hacia la reducción de la pobreza, y en términos generales, hacia el cumplimiento de los Objetivos de Desarrollo del Milenio (Figura 2.2).


Los impactos del cambio climático entre países no son proporcionales a sus contribuciones a las emisiones de GEI; son más bien heterogéneos e incluso los efectos, por algún periodo de tiempo, pueden ser positivos en determinadas regiones. La paradoja general de que aquellos países con mayores contribuciones a las emisiones reci- ben los menores impactos existe; mientras que aquellos que menos contribuyen concentran los mayores impactos. Las zonas metropolitanas de la región presentan distintos niveles de riesgos frente a eventos extremos como ciclones, inun- daciones y sequías. Por su ubicación geográfica, los mayores niveles de riesgo (alto y muy alto) los presentan las ciudades de Centroamérica, el Cari- be y México, así como las del centro y occidente de Colombia y las zonas costeras del oriente de Argentina y de Brasil (Figura 2.3).


El cambio climático tiene efectos sobre el esta- do de salud de la población, no sólo a través de las ondas de calor y las enfermedades trasmitidas por el agua, sino también debido a la ampliación


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