historia de blackworks
Madrid 2019: cuando el desencanto se convierte en movimiento
DANIEL NOVOA / DEXPHASE
El sexto aniversario de Blackworks no es solo una celebración; es un statement. Demuestra que un proyecto puede crecer
sin diluirse, que la
autenticidad no está reñida con la expansión y que la comunidad siempre reconoce cuando una propuesta es genuina.
Por eso esta edición especial está dedicada a Blackworks. Porque contar su historia es entender las tensiones y sueños de la electrónica contem- poránea: el deseo de comunidad, la necesidad de evolución y la fuerza de un movimiento que sigue escribiendo sus propias reglas.
Más allá de cualquier rol profesional, Daniel Novoa, “Dexphase”, es ante todo un raver convertido en líder cultural. Su perspectiva no nace de la oficina ni del DJ Booth, sino del dancefloor. Esa sinceridad absoluta al mirar la escena, sin filtros ni poses, es quizás lo que le da tanto magnetismo a Blackworks.
En nuestra conversación recuerda
los orígenes con la claridad de quien estuvo al pie del cañón: una escena madrileña repetitiva, la intuición de que el público pedía algo distinto y la decisión de arriesgarse. El primer evento, caótico e intenso, fue el verda- dero nacimiento de un movimiento.
MADRID 2019: CUANDO EL DESENCANTO SE CONVIERTE EN MOVIMIENTO
En 2019, la escena madrileña atra- vesaba un punto muerto. Las noches parecían repetirse en un loop intermi- nable, sin alma ni riesgo. Fue entonces cuando un raver decidió dar un paso al frente. Daniel Novoa, lo recuerda con claridad:
“Yo era un raver más, apasionado de la música, que veía una escena repetitiva y sin alma. Entendí que la gente quería algo distinto. Y pensé: si nadie lo hace, lo haré yo. Fue un impulso de rebeldía, pero también de confianza en que conocía al público porque era parte de él”.
Ese gesto, a medio camino entre el hartazgo y la visión, marcó el nacimiento de Blackworks; no era una fiesta más, desde el primer momento se concibió como un movimiento cultural, un espacio donde la comunidad pudiera reconocerse y romper
con lo establecido. Novoa lo explica sin rodeos:
Blackworks nunca quiso ser una simple fiesta. Desde el inicio se concibió como un espacio de comunidad, con una estética y un sonido inconfundibles.
Viajes, influencias internacionales y un círculo creativo sólido delinearon un universo que hoy habla un lenguaje oscuro, contundente y global.
“Siempre lo vi como un movimiento. Desde el principio quise que fuera algo más grande que una fiesta: un espacio de comunidad, un nuevo estándar, algo que rompiera esquemas”.
El debut fue cualquier cosa menos perfecto. Hubo caos, nervios, incerti- dumbre. Pero en medio de la intensidad apareció una certeza: aquello tenía otro peso, otra energía, otra promesa.
“Fue caótico, intenso, emocionante. Recuerdo los nervios, la incertidumbre… y un momento en la noche en el que supe que esto era mucho más que una fiesta. Ahí nació Blackworks de verdad”.
Con ese primer fuego, lo que había empezado como una rebeldía individual se transformó en un lenguaje colectivo.
Blackworks se consolidó desde el principio como un código compartido entre quienes buscaban algo distinto. Y esa chispa, encendida en Madrid en 2019, sigue alimentando un movimiento que hoy no da tregua.
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