momentos clave y retos
Para Daniel Novoa, la historia de Blackworks se explica a través de ciertos hitos que cambiaron todo. La Riviera en Madrid, la primera Cubierta de Leganés, el debut en Boiler Room, el salto a IFEMA y la internacionalización. Cada etapa fue un empujón hacia otra dimensión.
“Y la sensación de estar en París o Nueva York cerrando deals, algo que antes parecía un sueño, es otra prueba de lo lejos que hemos llegado”, recuerda.
Pero llegar a esos momentos no fue sencillo. Los inicios estuvieron marcados por trabas administrativas, falta de dinero y un escepticismo generalizado. El golpe más duro llegó con la cancelación del Hipódromo a 48 horas del evento. Mover todo a La Cubierta en tiempo récord, con pérdidas aseguradas, fue un acto de supervivencia.
“Ahí entendí que Blackworks no podía fallarle a su público. Ese carácter de nunca rendirse nos definió”.
Antes de las grandes ligas, hubo un laboratorio íntimo pero decisivo. La Riviera y Sala Groove se convirtieron en casas fundacionales, un espacio donde Blackworks pudo probar su ADN y medir su verdadero potencial.
“Fueron nuestra escuela. Eran espacios más íntimos pero con un poder increíble. Nos mostró el potencial real del proyecto y nos enseñó que teníamos algo único entre manos”.
Esos primeros capítulos, entre la crudeza de los retos y la intensidad de las victorias, fueron la base de lo que Blackworks es hoy: un movimiento forjado a golpe de riesgo, comunidad y convicción.
EL SALTO A LAS GRANDES LI- GAS
El verdadero salto global llegó con Boiler Room. Aquel streaming no solo enseñó a la escena internacional lo que estaba pasando en Madrid, también validó a Blackworks frente a artistas, agencias y promotores de todo el mundo. Daniel lo recuerda con claridad:
“Nos puso en el mapa global. De repente el mundo miraba a Madrid y veía a Blackworks. Pero lo más importante fue el respeto: artistas, agencias y promotores internaciona- les empezaron a reconocernos como un proyecto serio. Ese reconocimiento nos abrió puertas que antes parecían imposibles”.
El paso a la Cubierta de Leganés fue un movimiento arriesgado, pero necesa- rio. Blackworks ya pedía otra escala y esa noche se convirtió en la puerta de entrada al terreno de los festivales.
“Recuerdo la sensación de riesgo abso- luto. Era una locura, pero funcionó. Fue el paso decisivo hacia el mundo de los festivales y nos dio confianza para ir más allá”.
IFEMA
Si Leganés fue el inicio del camino festivalero, IFEMA fue la confirmación de que Blackworks podía sostenerse en la primera división de la electróni- ca. Novoa no esconde la presión que implicó:
“Fue la producción más exigente de nuestra historia. Días previos con números en rojo, cientos de miles de euros en juego, la presión de los permisos y de que todo podía fallar. Nadie te enseña a manejar eso. Pero cuando abres puertas y ves entrar a miles de personas, toda esa tensión se convierte en euforia. IFEMA fue la prueba de que podíamos jugar en pri- mera división”.
A lo largo de cada etapa, la esen- cia de Blackworks ha permanecido intacta. Lo que ha cambiado es la escala, el lenguaje estético y la ambi- ción del proyecto. Daniel lo explica sin rodeos:
“Nuestra esencia, intensidad, comu- nidad, crudeza siguen intactas. Pero con cada etapa hemos aprendido a crecer en sonido, en estética y en am- bición. Al principio éramos una fiesta underground; hoy somos un movimiento con identidad propia, pero sin perder el alma”.
LO QUE HACE ÚNICO A BLACKWORKS
En un ecosistema global saturado de marcas, diferenciarse no es fácil. Para Novoa, la fuerza de Blackworks radica en un conjunto de factores que trascienden lo evidente y se sienten en el dancefloor.
“La curaduría, la producción, la co- munidad… pero sobre todo la energía. Blackworks es adrenalina pura, un lugar donde sientes que estás viviendo algo único, casi como estar dentro de un videojuego. Esa intensidad es difícil de explicar, pero quien viene, lo entiende”.
El crecimiento nunca estuvo libre de riesgos y hubo instantes en los que la continuidad del proyecto pareció tambalearse. Novoa no lo oculta:
“Sí. La cancelación del Hipódromo fue un golpe muy duro. También IFEMA, cuando a pocos días seguíamos en negativo y con los permisos en el aire. Son momentos en los que piensas: ¿y si no sale? Pero ahí aprendí a gestionar la presión y a confiar en el equipo. Lo que nos sostuvo siempre fue la comunidad y esa convicción de que no podíamos fallar”.
Cada etapa ha dejado una huella, pero hay un punto que Daniel señala como el verdadero parteaguas en la historia de Blackworks.
“IFEMA, sin duda. Fue una declaración: Blackworks no era ya una promesa, era una realidad. Demostramos que en España se podía hacer un evento de techno de esa magnitud y calidad, y que podíamos estar al nivel de los grandes del mundo. Quiero que cuan- do se mire hacia atrás se diga que Blackworks marcó un punto de inflexión en la historia: un antes y un después en la forma de entender los eventos elec- trónicos”.
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