sustancias químicas en el torrente sanguíneo y lleva mensajes a todo el cuerpo. Los tipos de feromonas liberadas por las plantas establecen comunicación
con las hormonas
humanas, como si fueran pares, y esta comunicación detona cambios en las áreas donde se establece. El poder de esta interacción se lleva a cabo en el área del cerebro conocido
como cerebro emocional, límbico,
encargado de controlar nuestra vida
respuestas
instintivas y autoconservación. De acuerdo con Paul McLean, médico y neurocientífico estadounidense, las
estructuras llamadas cerebro
las cosas. En el intento por crear la piedra filosofal, querían capturar la refinada y volátil sustancia que hallamos en las plantas: su función principal, su pureza, su esencia. Ahora sabemos que ciertas plantas producen una sustancia
reptiliano y cerebro límbico fueron las dos primeras en desarrollarse, en la evolución de nuestra especie, seguidas por la neocorteza y los lóbulos prefrontales. Esta secuencia es la misma que sigue un individuo en gestación. estructuras
Las primeras intervienen en
dos el
llamada
‘aceite esencial’, más acuoso que un aceite, considerado la esencia, el alma o la fuerza vital de una planta; sin embargo, es producido por la planta como un producto secundario de sus procesos biológicos, como el de transformar la luz solar en energía química (fotosíntesis). Esta
‘quintaesencia’ concentra la exquisita sustancia conocida como aceites
o esencias volátiles: se
obtienen por destilación por vapor o compresión de la cáscara de la fruta, y reciben el calificativo de ‘volátil’ porque, si se dejan descubiertos, se evaporan sin dejar marca. Es lógico entender el aceite esencial como la esencia de la planta si se considera que en él se encuentra concentrado el material genético de la misma y su habilidad para comunicarse con el mundo externo, así como de defenderse de microorganismos perjudiciales,
atraer insectos
benéficos y reproducirse. El sutil mensaje que contiene todas estas capacidades es lanzado al aire y transportado hasta el receptor presto para recibirlo, sea una abeja, un perro, una persona… más o menos como funciona una feromona. Una feromona es un mediador con el mundo externo, que lanza un mensaje desde un organismo a otro y detona un cambio en el receptor. El cuerpo humano cuenta con un sistema de comunicación interna, el sistema hormonal, que libera
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comportamiento instintivo, en las habilidades sensorio-motoras y en el desarrollo emocional. Las dos últimas determinan el aprendizaje cognitivo y analítico,
la toma de
decisiones y atributos superiores, como la empatía y la compasión. Las porciones reptiliana y límbica contienen las estructuras (ver recuadro) relacionadas con la memoria y las respuestas afectivas, y en ellas se asientan los nervios del sentido del olfato, lo cual habla de la estrecha relación entre el olfato y la memoria, las emociones y las respuestas autónomas del cuerpo. En estas estructuras también se encuentra
la glándula pituitaria,
la glándula principal del sistema hormonal, que es responsable, ella sola, de liberar nueve hormonas, responsables, a su vez, de regular la homeostasis - el conjunto de procesos que evitan fluctuaciones en la fisiología de un organismo - y de estimular órganos y otras glándulas. Cuando el olfato, el sentido con la conexión al cerebro más
directa, como ningún
automáticas. Nuestro
información hace
sistema de
una
corporales sensorio
y con ella nutre al cuerpo, como lo
nuestro dieta
y equilibrada. Si
saludable percibimos
estímulos externos que nos nutren, nos estimulan y nos reconfortan, el sistema hormonal responde inundando el cuerpo con una serie
otro,
activa estas partes del cerebro, se tiene acceso al sistema completo y a las funciones y respuestas regulatorias
más recibe entorno
de hormonas que nos hacen sentir bien
(neuroquímicos naturales).
Cuando percibimos aromas naturales, algunos provenientes de las plantas, como las feromonas, el cuerpo los reconoce como algo de su propia composición química, como si
fueran una hormona. En
el momento en que inhalamos el aroma de una flor, una hoja, una raíz u otra parte de una planta en particular, llevamos al sistema olfatorio las moléculas del aceite esencial, liberado por la planta, que llegan directamente al cerebro límbico. Debido a que la estructura química
de las estos hormonas, pequeños
mensajeros es tan similar a la nuestra, las moléculas de los aceites esenciales se comunican como lo hacen
ocupando,
incluso, el lugar en las células de los receptores de hormonas. Esto significa que tienen acceso a la célula, en el metabolismo celular mismo, en la regeneración celular o en el ADN, de manera que pueden detonar una serie de respuestas. Es
muy importante distinguir
entre un aroma natural, que se origina en el mundo vegetal, y uno procedente de una sustancia sintética puesto que solo el primero generará una respuesta terapéutica debido a la propiedad inherente de comunicarse con nuestro cuerpo. La sustancia sintética no tendrá el efecto terapéutico esperado en el corto ni en el largo plazo, aun cuando el aroma sea muy similar. Los mensajes de los aceites esenciales, en su forma pura, son transportados e interpretados por las proteínas, enzimas y vitaminas presentes en nuestro cuerpo para formar los componentes con los que se generarán nuevas células y nuevo material genético. Los aceites esenciales pueden estimular y apoyar
las hormonas que realmente necesitamos
al cuerpo en producir y
un uso continuo de ellos durante periodos
prolongados.
podemos El
hacer aceite
esencial impulsa a nuestro cuerpo a regularse y a mantenerse en equilibrio, sea físico o emocional. Los efectos de los aceites esenciales se manifiestan en tres ámbitos: el físico, el mental y el emocional, lo que implica un trabajo integral. Cada aceite esencial trabaja en los tres niveles, puede enfatizar el trabajo en uno más que en otro, o armonizarlos; un aceite puede potenciar el efecto de otro aceite esencial. El uso terapéutico de los aceites esenciales sí requiere
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