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Juego de Palabras


El juego brasileño en busca de la redención


Parece que es una estrategia distraernos de los terribles momentos climatológicos que pasa el mundo; o quizás una distracción para ocultar la invasión de los sitios de apuestas deportivas y juegos online en Brasil; o porque no, los adefesios que dice el burdo inquilino de la Casa Blanca; o que los marcianos han llegado.


También podría ser una estrategia política para hacer algo fuera de lo común ante la popularidad del encarcelado expresidente Lula, quien desde su celda se vislumbra como el candidato a ganar las elecciones presidenciales del 7 de octubre próximo, si se da el caso legal que le permitan postular.


       que un tema tan controvertido como la legalización de casinos en Brasil pueda ser una estrategia electorera ideal para ganar adeptos en las elecciones venideras. Sin embargo, cosas mucho más extrañas suceden en la región latinoamericana, donde los inverosímiles cuentos de Ripley ya no parecen tan descabellados, y la legalización de un pasatiempo como las apuestas deportivas y los casinos puedan rendir algunos puntos porcentuales electoreros para cualquier audaz candidato.


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O simplemente también puede ser la simple preocupación de ver cómo el juego al margen de la ley como la lotería popular de los animalitos “jogo do bicho” sigue llenando los bolsillos de los operadores ilegales, igual que hacen los operadores de tragamonedas ilegales, y también de las empresas propietarias de las plataformas de juego por Internet, que desde el extranjero se llevan millones de dólares de la economía brasileña sin control alguno.


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El caso es que la noticia de que un senador brasileño, u otro, busca llevar a la Cámara de Senadores un proyecto de ley de casinos, u otro, siempre nos va a sacar de la cama temprano  este gran país salga adelante un poco, regulando una actividad de consumo masivo.


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Porque lejos de ser un “proyecto muy permisivo, amplio y carente de cualquier mecanismo de control más efectivo del Estado,” como dijo el senador Randolfe Rodrigues, en oposición, cuando el proyecto de ley de Senadores PLS 186/2014 fue rechazado en la Comisión de Constitución y Justicia; la situación del juego ilegal que es la opción aceptada por tal político, es mucho más nociva para el país y la sociedad brasileña (ver página 12 sobre el embate social en Chile), que una industria legalizada de juegos de azar como existe en Colombia, Chile y Perú.


p Por Ricki Chavez-Munoz


La ignorancia o interés político de dicho senador lo llevó inclusive a manifestar que la aprobación del proyecto de ley de senadores, “liberará la explotación de los juegos de azar sin que ninguna autoridad gubernamental controle esa actividad, fomentando así prácticas criminales”.


Nadie dice que la legislación de los juegos de azar es la “salvación de la economía” brasileña, como entonces también vociferó el senador Magno Malta en oposición. Pero lo que no quieren aceptar ilustres senadores brasileños es que economías del primer mundo como EE. UU, España, Canadá, Francia, Alemania, Reino Unido, etc., además de países vecinos como Uruguay, Argentina y Paraguay, tienen sociedades a las cuales la industria regulada de juegos de azar contribuye con inversión, empleos y muy necesitado contante     social.


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Hoy en día, el juego ilegal en Brasil tiene padrinos como aquellos políticos de turno, algunos de los cuales se oponen a su legalización, y como nada en el mundo es por casualidad, me atrevo a opinar que tal oposición sigue los designios de políticas egoístas y serviles, y que no existe argumento honesto para sostener el juego delincuencial y fuera de control que en verdad no contribuye nada a la sociedad.


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El juego reglamentado no es vana ilusión de nadie, ni la salvación de nadie tampoco. Como no lo es el derrumbe de la sociedad por un ataque viral de juego compulsivo. Como toda industria, conlleva problemas y tropezones, donde habrá mal práctica también, pero en su gran mayoría, es mejor industria que muchas, y se encuentra muy lejos de la corrupción que envuelve la clase política de muchos países.


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Como Segismundo Príncipe, de la obra clásica de Calderón de la Barca, La vida es Sueño, podemos preguntarnos también: “¿Que ley justicia o razón?” puede haber para que Brasil no siga los pasos de aquel ejemplo de la política pragmática, como es la de Japón, que acaba de legalizar la instalación de casinos


La noticia que nos despertó hoy acerca de una aventura más en el arduo camino de la legislación del juego en Brasil no fue un sueño, y lo único que queda es seguir en la lucha para que, como Segismundo Príncipe, también la sociedad brasileña obtenga su redención con la legalización de los juegos de azar.


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