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Carta de Santiago Mi Linda Gatita Gris


Escribe CLAUDIA FIGUEROA C.


Llegaste a nuestra casa un día del verano del año 2008.


Traías en tu boca afirmada a tu cría recién


nacida. Te metiste dentro de un cajón que había en el


patio y te acomodaste con tu bebé De lejos te observamos y luego sólo atinamos


a buscar un pocillo para darte leche y otro para el agua. Ahí te quedaste varios días, hasta que de pronto te asomaste y te diste cuenta que no te estábamos gritando ni echando de ahí. Te pusimos un pañito en una caja en el suelo para que te acomodaras y ahí comenzó nuestra aventura juntos. Nuestra familia con la tuya. Al gatito lo bautizamos «Kito», y a ti te pusimos «Bigotuda». El pequeño comenzó a crecer y a hacer sus travesuras. Tu pacientemente lo observabas de lejos y también lo mimabas y de a poco te fuiste acercando a nosotros y nosotros a ti. Te hacíamos cariño y trajimos a un veterinario para que los examinara y los vacunara. Con el pasar del tiempo te hiciste parte de


nosotros. Un día sin nadie saberlo, sentimos en un rincón del patio unos maullidos agudos y que parecían de un cachorrito recién nacido, y claro era tu otro retoño, que nació como al mes de llegar a nuestra casa. Todo ese tiempo dentro de ti, hasta que vio la luz. A él lo bautizamos como «Rulo» y su hermano mayor lo veía como un juguete, teníamos que andar vigilando que no lo empujara o lo aplastara. Y fueron creciendo y se convirtieron en la familia gatuna de la casa de los Ortiz Figueroa. Hasta que llegó el día en que nos cambiamos de casa, y en uno de los viajes nos llevamos a la Bigo, pero cuando volvimos por los hijos, la abuela Elena no quiso soltarlos, pues también se había encariñado con ellos y no los quería perder. Así que decidimos dejarlos acá. Y sólo nuestra gata nos acompañó a la nueva casa. Pasó el tiempo y crecieron mucho, eran


revoltosos, pero muy hermanables, daba gusto verlos durmiendo en un sillón del patio, bien juntitos. Un día Rulito desapareció todo el día y nadie lo


vio. Al otro día lo buscaron, pero sin resultado hasta que pusieron atención a Kito que no se movía de un rincón del patio. Movieron las cosas y encontraron a Rulito malherido. Lo llevaron al veterinario de urgencia, pero ya no había nada que hacer y tuvimos que sacrificarlo. Nuestra primera gran pena, primera mascota que perdíamos. Entonces tomamos a Kito y lo trajimos a nuestra nueva casa, para que no estuviera solito y compartiera con su mamá Bigotuda. Acá estuvieron un buen tiempo, pero Kito era muy desordenado y salía todas las noches hasta que un día no volvió más. Aún no sabemos si se lo habrá llevado otra familia o cual habrá sido su destino. Un mes atrás, comenzaste a bajar de peso


súbitamente, no querías comer sólo tomabas agua. Te llevamos al veterinario y nos dijeron que tenías una falla en los riñones y que no había mucho que hacer, pero que te diéramos antibióticos y comida bien molida. Tratamos de hacerlo pero ya no querías tragar y estabas tan débil que apenas caminabas. Entonces te llevamos nuevamente donde la doctora y nos dijo que lo mejor sería sacrificarte porque no había nada más que hacer y sólo estabas sufriendo. Así que con el dolor de mi corazón firmé la autorización y te acompañamos en tus últimos momentos, junto a los niños, de a poco te fuiste durmiendo y ya no despertaste más. Era el día 6 de Octubre 2014, casi 7 años de


compartir contigo llegaban a su fin. Te tomamos con cuidado y ahora descansas en nuestro patio. Claro que en nuestro corazón estás tan viva como el primer día que llegaste a nuestra casa. Siempre estarás en nuestro corazón. Adiós


BIGOTUDA… Octubre 2014 13


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